Levittown mon amour

Me faltaban trescientos dólares para comprarle un ataúd a mi padre, y no sabía qué más hacer. Así inicia uno de los cuentos cortos que el escritor Cezanne Cardona (Dorado, 1982) recoge en su más reciente obra: Levittown mon amour, publicada por Ediciones Callejón (2018). Y es que para una periodista, a quien le enseñaron captar la atención del lector desde la primera línea, no podría existir una mejor manera de comenzar una historia que esta. En el libro de 80 páginas, aparecen cinco cuentos de la autoría de Cardona, que enganchan desde su inicio y en los que se ilustra, por medio de un tono brillantemente sarcástico, la agilidad literaria y el gran talento de contar historias de su autor.

A pesar de que cada cuento es singular, en cada uno aparece el personaje recurrente de Dani, un hombre que vive ciertas precariedades características de la vida en Puerto Rico y cuenta cosas que le pasan en el suburbio toalteño de clase media, Levittown, donde reside.

Por medio de su creatividad narrativa, Cezanne aborda temas muy relevantes de la idiosincrasia boricua a la que la clase media y media baja están sometidas a diario. Uno de los temas centrales de esta obra es precisamente la precariedad, sobre todo económica y cómo los personajes se ven obligados a tomar decisiones irracionales y desesperadas para lograr salir a flote de las situaciones complicadas que enfrentan. En el primer cuento titulado Una escopeta sobre la hierba, aparece Dani, un periodista freelance quien se encuentra desesperado porque no cuenta con el dinero suficiente para costearle el ataúd a su padre recién fallecido.

Aparte de la precariedad, se cuestionan otros temas en esta historia, como, por ejemplo, la ética humana y profesional de una persona que por necesidad es capaz de hacer cualquier cosa. La obra de Cezanne engancha, es divertida y jocosa, pero también, una especie de reality check sin tapujos, en la que se presentan tabúes sociales presentes en muchos hogares de nuestro país: la violencia doméstica, la adicción y sus secuelas, la pobreza, la enfermedad mental…

Según una reseña por Yoryie Irizarry, publicada recientemente en la revista 80 grados:

 Levittown Mon Amour, devela lo inadecuado de los mitos del hogar perfecto, de las madres y padres perfectos y de lxs requisitos perfectos para que el amor, la compasión y la solidaridad se den. Parece que nos presenta un poco la propuesta de que estas tres también existen en las condiciones imperfectas en que vivimos (…) Quienes existimos somos nosotros, lxs de Levittown y muchas otras comunidades de pobres trabajadores.

Aparte de la capacidad de contar historias, Levittown mon amour es brillante precisamente porque logra que el lector puertorriqueño de clase media, a quien está dirigida esta obra, se sienta identificado casi de inmediato. Se dibuja la ciudad con sus luces y sombras, sus personajes, sus luchas y sus temores. Desde el auto se viaja junto al autor y se observan las imágenes que va pintando, inspiradas en su propia experiencia cuando viajaba en carro con su madre por Levittown, donde vivían sus tías, quienes lo cuidaban de niño.

En entrevista con El Nuevo Día, el escritor expresó que se inspiró en el suburbio de Toa Alta porque: “Levittown es un proyecto que, por un lado podríamos llamar un proyecto fracasado y a la misma vez un proyecto que aúna una relación particular de la clase media, los sueños de la clase media. Por un momento vivir en Levittown era vivir en una gran urbanización y eso fue decayendo. Yo vi todo ese proceso de decadencia. Todas esas conexiones me hicieron repensar los cuentos alrededor de esa urbe y esas tramas las conecté con Levittown.”

El título del libro que ganó el premio Nuevas Voces, un homenaje que otorga el Festival de la Palabra a escritores emergentes, está inspirado en el filme de drama romántico francés “Hiroshima mon amour”. Para Cezanne, muestra que es posible que exista el amor también en la destrucción, otro de los hilos conductores de su más reciente obra.

Concluye Yoryie Irizarry, autor del artículo de 80 grados, que la clave del éxito de este libro es que:

En cada uno de los cuentos se abre la posibilidad de que en nuestras imperfecciones nos podamos encontrar y reconocer (…) Encontrar la determinación para enterrar a un padre ausente tal vez en esa única memoria amorosa que nos dejó aún cuando no podemos costear lo caro del funeral; las formas en que la violencia se transforma en comunicación que es inaceptable para quien mira desde afuera pero aceptable para quien está en la relación; la forma torpe en que queremos a hijas e hijos, a madres y padres, buenos o no. Esos momentos incómodos en que estamos forzados a intercambiar palabras con las nuevas parejas de nuestras exparejas, nuestra relación con la propiedad, con lo propio, ya sea algún sofá o carro que consideramos nuestro, en fin, lo cotidiano, sus retos, y la precariedad son tan centrales al libro como sus personajes.

 Levittown mon amour se presentará en La Guajira, Bodeguita Cubana (Calle Gonzalo Marín, Arecibo) el próximo 5 de abril a las 6:00pm, como parte del cierre de los eventos de la Semana de la Comunicación 2019, organizada por el Departamento de Comunicación Tele-Radial de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo (UPRA).

 

 

¿Celebración del colonialismo?

Celebrar el legado colonial de un país es una cosa muy rara que solemos hacer los seres humanos cuando viajamos al exterior. En América Latina, por ejemplo, las agencias de viaje diseñan sus itinerarios para incluir visitas a ciudades donde es posible observar arquitectura colonial o acudir a restaurantes donde los ingredientes europeos, indígenas y africanos se fusionan y cobran vida en la cocina criolla. Los vestigios arquitectónicos, estéticos y gastronómicos del colonialismo se celebran cuando se visitan otros destinos y de eso cabe poca duda.

Sin embargo, cuando realmente profundizamos en el motivo de dicha «celebración», resulta aterrador pensar que en el proceso, obviamos las otras secuelas de la colonización: el genocidio, la desolación, las violaciones, la esclavitud, el saqueo de los recursos y riquezas naturales y, un largo etcétera.

Sri Lanka, país que visité recientemente y que en el pasado fue colonia portuguesa, holandesa y luego británica (1815 a 1948) – es otra nación que también se une a la lista de la celebración colonial. Sin embargo, a diferencia de Puerto Rico, en Sri Lanka, dicho legado parece haber dejado algunos frutos y herramientas de producción e industria sustentable que aun perduran y alimentan la economía y el turismo cingalés.

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Caminar por la ciudad de Galle en Sri Lanka, que fue habitada tanto por portugueses, como neerlandeses y británicos, es como caminar por un pueblo europeo (2018).

Legado portugués

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Galle es una provincia al sur de Sri Lanka que recibe miles de turistas cada año y donde es posible palpar el legado colonial. (2018).

Los portugueses desembarcaron en las costas de Sri Lanka en 1505. Según Lonely Planet:

(…) trajeron consigo las órdenes religiosas, con los dominicos y los jesuitas al frente. Muchas comunidades de la costa se convirtieron, pero otras que rechazaron la fe cristiana tuvieron que soportar masacres y la destrucción de sus templos. Los budistas huyeron a Kandy y la ciudad asumió su papel de protectora del budismo, una misión sagrada que consolidaron otros tres siglos de intentos fallidos de dominación por parte de las potencias europeas.

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Faro de Galle (2018).

Para ver las reliquias mejor conservadas de la época portuguesa toca visitar Jaffna, en el norte, o Galle, ciudad al sur de Sri Lanka, cuyo eje es un precioso faro situado a orillas del mar y una muralla construida durante este período para protegerse de la invasión exterior. Dicha fortaleza está situada a unos 200 kilómetros de Colombo, fue nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988 y representa la más grande en toda Asia, que aún sobrevive la época colonial.  Al costado de la muralla yace un estadio de críquet- otro legado colonial, aunque de la era inglesa- y en los campos aledaños, es común ver grupos de niños bateando bolas y haciendo carreras, típicas del deporte.

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El críquet es uno de los deportes nacionales de Sri Lanka (2018).

Legado neerlandés

Los holandeses, por otra parte, arribaron la isla en 1606 y se encargaron de construir sistemas de alcantarillados modernos y canales para transportar especias y otras mercancías. También se ocuparon de desarrollar un sistema legal que aún se utiliza en el cuerpo legal del país. La arquitectura neerlandesa está centrada en Colombo y Galle e incluye importantes fortificaciones, hospitales, iglesias, entre otros edificios. Se dice que a pesar de que los canales neerlandeses están en desuso en la actualidad, existen varios proyectos de gobierno destinados a reactivarlos. Durante la era colonial neerlandesa, se utilizaban sobre todo para conectar Colombo con otras ciudades importantes.

Los británicos

Los holandeses cedieron la isla a los británicos en 1796, iniciando de este modo una vehemente era colonial anglosajona. Declararon el país colonia suya en 1802, conquistaron la ciudad de Kandy en 1815 y dicho proceso desestabilizó la nación.

Como parte del legado británico que perdura podemos destacar un par de cosas: la industria locomotriz y los trenes de Sri Lanka- que continúan representando el modo de transporte principal de larga distancia en el país- y la producción y manufactura de té, producto nacional bruto, considerado el mejor del mundo.

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En las fábricas de té del interior de Sri Lanka es posible hacer degustaciones de la bebida en sus diferentes variedades (Nuwara Eliya, 2018).

A partir de 1870, el té se situó como producto nacional bruto cingalés gracias al impulso de los colonos y para agilizar su producción, se establecieron, a lo largo del centro de la isla, decenas de fábricas como Glenloch, en la que aun hoy día se conserva la mayoría de la maquinaria original y la línea de ensamblaje de la era colonial.

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La fábrica de té Glenloch fue fundada have 140 años por un empresario escocés (2018).

Precisamente en la industria de té la fuerza obrera es, en su mayoría, femenina. Son mujeres tamiles (hindúes del norte del país), casi siempre, quienes con sus delgados y ágiles dedos recogen las hojas más tiernas de las plantaciones y las van almacenando en sacos que colocan a sus espaldas para luego ser transferidos a la fábrica. Se estima que reciben menos de $3.00 USD por recoger alrededor de 20 kilos (44 libras) al día. Trabajan largas horas, apenas descansan y es común verlas en las colinas de las plantaciones que yacen por todo Nuwara Eliya, un pueblo llamado Little England por su clima fresco y porque aquí fue donde muchos colonos británicos se asentaron.

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Recolectoras de té. (Nuwara Eliya, Sri Lanka, 2018).

Son mujeres también quienes laboran en fábricas como Glenloch, donde dividen las hojas que sirven para los tres tipos de bebida que aquí se producen: el té negro o English Breakfast, el verde (cuyas hojas son menos maduras y más frescas) y el blanco (variedad menos consumida). Mientras más oscuro sea el té, mayor es su intensidad y en la antigua Ceilán, los locales (así como los ingleses en su momento) prefieren la bebida mientras más oscura sea y la preparan con leche y azúcar, igual que en Inglaterra.

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Una guía en la fábrica Glenloch muestra las diferentes hojas de té. (2018).

Una columna publicada en El País resume la herencia colonial del té en Sri Lanka y la importancia de la mano de obra femenina:

Fueron los británicos, otrora colonizadores de Sri Lanka, quienes sustituyeron las plantaciones de café por las de té allá en 1870 cuando una plaga diezmó los cafetales y, con ellos, la economía de subsistencia. Eligieron para cultivarlos a inmigrantes tamiles de India como mano de obra barata: ellas. Las que salpican los inmensos campos de té con esos puntitos blancos que nunca dejan de moverse. Son las cestas de rafia que llevan colgadas de la cabeza y a las que van echando las hojas verdes que no cesan de cortar en ningún momento. Llevan a sus espaldas la economía del país.

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Recolectoras de té (2018).

Entonces, ¿existe razón justificada para celebrar un legado colonial? Según una columna de Ángel Collado Schwarz publicada en El Nuevo Día y en la que el autor reacciona a un ensayo del ex juez presidente del Tribunal Supremo, José Trías Monge:

Las agresiones armadas, el mantenimiento de colonias y la injusticia no se celebran porque son momentos de duelo.

Incluso, las palabras colonia, colonialismo y otras derivadas de la misma raíz se han tornado elemento indispensable y cotidiano en el vocablo boricua durante los pasados años. Décadas previas, sin embargo, no se utilizaba tan común y libremente este concepto. Parece como si hubiésemos salido de una larga racha de oscuridad y engaño lingüístico y político para darnos cuenta y aceptar de una vez y por todas que somos colonia, desde muchos siglos lo hemos sido y no parece estar ocurriendo nada para impedir o cambiar el estatus. Y es que encima de lo absurdo que se muestra querer celebrar dicho estatus- democracia y colonialismo son precisamente términos contradictorios y opuestos, cosa que muchos parecen ignorar.

La idea de celebrar el colonialismo me parece rara, discorde, e incluso incómoda, y razones para sentirse así, creo que sobran. Sin embargo, por otra parte resulta interesante también analizar el legado menos sangriento de la conquista, que perdura y representa un fundamento sólido de producción económica para un país como Sri Lanka. Pasearse por lugares como Galle, una fábrica de té en Little England, o explorar hospitales y otros edificios públicos construidos durante la época colonial europea en Sri Lanka que todavía sirven un propósito en la sociedad moderna y contribuyen al funcionamiento social y político, es como viajar en el tiempo y reconocer que las naciones son el producto, tanto del esplendor de su pasado histórico, como de su legado colonial- con todo y cicatrices. Negar el colonialismo es también rechazar una importante herencia e identidad del pasado. Y por más que sea, también ese capítulo nos pertenece.

Un viaje al fin del mundo con mamá

La isla-país de Sri Lanka, localizada en el sur asiático, ha sido desde la antigüedad, un importante centro de la religión y cultura budista. Conocida por algunos como la lágrima de India, Sri Lanka ofrece a los viajeros mil y una opción, desde ciudades atestadas de coloridos mercados, impresionantes templos que muestran la devoción absoluta de los cingaleses, millas de litorales impecables y cocos que cuelgan de palmeras, safaris en los que es posible ver elefantes, pavos reales y otros animales salvajes y, mucho más. A pesar de que no es un destino muy común entre boricuas, sobre todo por su lejanía, Sri Lanka se da a querer y merece la pena incorporarse al itinerario turístico cuando se viaja al sur y sureste asiático.

Viajar con mamá

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Mami y yo en Kandy, Sri Lanka (2018).

Mi más fiel y aventurera compañera de viaje durante los pasados 19 años que llevo recorriendo el globo ha sido mi madre. Aunque no viajamos tan a menudo como lo hacíamos durante mi época de estudiante en Europa, en esta ocasión quisimos rememorar aquellos momentos y lanzarnos a la aventura. A sus 73 años, mi madre tiene más dinamismo, tolerancia y energía que yo- en muchas ocasiones- y sabía que esta oportunidad de aventurar con ella una vez más, no la podía desperdiciar.

¿Croacia, Bolivia o Sri Lanka?, nos preguntamos en un inicio, ya que eran los tres destinos que nos llamaban la atención. Por ser invierno en Europa y querer evitar las bajas temperaturas, no tardaríamos mucho en tachar la primera opción de la lista. Por problemas con la rodilla de mi madre y considerando que el altiplano suramericano requiere de mejor estado físico para poder subir y bajar cuestas sin morir por soroche, eliminamos también la segunda. Quedaría la antigua Ceilán (Ceylon) en la lista, un país que tardaríamos más de 30 horas en aterrizar, pero por el cual nos decidimos eventualmente. Lonely Planet nos aseguraba que era el destino top para visitar en 2019 y una vez obtuvimos el libro de esta colección, detallamos los lugares que nos interesaban, marcamos el mapa y fuimos trazando una idea mental del viaje.

Ya a bordo de la línea aérea Emirates, despegamos en San Juan e hicimos la primera parada en Newark, luego Dubái, y finalmente, Colombo. El jetlag suele azotar más de regreso y no de ida, cosa que favorece la energía y motivación de los viajeros. Una variada y flexible agenda nos permitió alojarnos, durante 12 días, tanto en hoteles de tres y cuatro estrellas y de precios muy módicos ($50-100 USD/noche), como en family homestays, o residencias de familias locales en las que es posible tener una experiencia más local y auténtica por medio de Airbnb ($20-30USD/noche). Con cero excursiones previas o posteriormente organizadas, cero plan en cuánto a cómo movernos – aunque sabíamos que queríamos tener la experiencia de tomar transporte local-, mucha apertura mental y ganas de explorar este destino, nos lanzamos a la aventura.

En el hotel de Colombo conocimos a Jayir, un policía jubilado que ahora se dedica a pasear a turistas. Jayir terminó siendo nuestro chófer VIP durante más de la mitad del viaje. Nos cobró $60 diarios por transportarnos del punto que fuera al otro punto que fuera, tardara el tiempo que fuera. Podíamos hacer las paradas que queríamos, no existían las agendas detalladas, y mejor que todo, además de ser tremendo conductor, Jayir conocía todos los lugares más increíbles y menos frecuentados para visitar. Encima, como en Sri Lanka uno no tiene que preocuparse por esquivar manadas de turistas, a donde quiera que íbamos, éramos casi siempre las únicas extranjeras.

Jayir nos llevó a conocer los más impresionantes templos: budistas e hindúes y a veces una amalgama entre ambos. Nos iba explicando – en su inglés masticao- datos importantes sobre la historia, la política y la religión cingalesa. Recorrimos muchos kilómetros en el asiento trasero del carro de Jayir, quien era experto pasándose al carril contrario para esquivar conductores lentos y retraídos del método más sutil (dicho con ironía)- método capaz de provocar un ataque cardíaco a los más delicados.

En un inicio, previo al viaje, supuse que Sri Lanka era muy similar a la India, por no decir una fotocopia. Sin embargo, me equivoqué. La antigua Ceilán es una isla con una población budista casi en su totalidad y esta es la primera y muy significativa diferencia. Además, está muy desarrollada, limpia, ordenada y recibe una importante inyección económica de China y otras países de Asia. Aquí la vaca no es sagrada ni transita por las calles junto a otros vehículos. Tampoco se ve la contaminación, ni los residuos de la sangrienta guerra civil que duró más de 30 años y apenas del tsunami que hace 14 años se cobró la vida de miles de personas. No obstante, existen unas similitudes entre este país y la vecina India, sobre todo en términos de la estética: los tuk-tuks representan el método preferido de transporte para muchos, Bollywood es la fuente de entretenimiento preferida y los saris, la tendencia de moda más común, tanto entre cingalesas como entre indias.

De Colombo continuamos a Dambulla, un pueblo que queda a medio camino entre la capital y Anuradhapura, un importante centro arqueológico y espiritual protegido por la UNESCO. En Dambulla el foco son unos templos que yacen dentro de unas cuevas en el tope de una montaña. Se debe subir una empinada escalinata hasta alcanzar la cima desde donde se observa una enorme piedra que da la bienvenida a los visitantes y monitos que aunque parecen inofensivos y dulces, disfrutan de robarse comida, bultos y otras pertenencias. Eso me advirtieron algunos turistas molestos porque les había pasado. Los Dambulla Cave Temples son realmente preciosos y recomiendo una visita a este lugar tan escondido, espiritual y de enorme importancia arqueológica, artística y religiosa.

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Uno de los tesoros más grandes de Sri Lanka aparte de todo lo que he mencionado, son para mí, precisamente los monos. De variados peinados, colores, comportamientos y personalidades, los monitos de Sri Lanka son divertidos, amorosos (entre ellos), puntos focales y musas para fotografiar, aunque también en ocasiones muestran ser agresivos. Los momentos en que pude capturarlos compartiendo con sus crías, abrazándolos y propiciando mimos, fueron realmente maravillosos. ¡Cómo me hubiese encantado traerme uno de mascota!

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Aparte de los monos, también merece la pena mencionar otro de los highlights de esta memorable experiencia: los viajes en moto-taxi o tuk-tuks que siempre son divertidos, la energía de pura paz y calma que se percibe alrededor y en las afueras de los templos budistas y, sobre todo, el acercamiento que tuvimos con el Ayurveda.

Para los que desconocen sobre el tema, Ayurveda es el nombre de la «medicina tradicional» de la India que tiene como objetivo unir el cuerpo físico con la mente, proclamando que la enfermedad y la salud son el resultado de la confluencia de tres aspectos principales de la existencia o doshas. La idea general del Ayurveda es que por medio de la prevención, una dieta balanceada y saludable (combinada con especies), así como un estilo de vida en armonía con la constitución física de la persona, se logra la salud y el bienestar integral.

Gracias a Jayir, tuvimos la oportunidad de visitar Spice Garden, un centro ayurvédico donde se cultivan diferentes especies (todo desde vainilla, turmeric, cacao hasta sábila y almendra), se proveen charlas educativas, se ofrecen masajes y tratamientos in situ, y mejor aún, cuestan con una farmacia donde se consiguen todo tipo de productos naturales para mantener un estilo de vida en equilibrio con la salud y el medio ambiente. A cada una nos dieron un masaje que, sin exagerar, admito que me cambió la vida y me liberó de toda carga que pude haber estado atormentándome en ese momento. Lo mejor de todo es que ninguno de estos servicios tiene un costo, son todos administrados por el gobierno de Sri Lanka y los voluntarios que trabajan aquí solo aceptan donaciones. ¿Qué más se puede pedir?

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(…)

La siguiente parada fue Anuradhapura, primera capital cingalesa, meca arqueológica y budista, así como patrimonio de la UNESCO. Aquí recorrimos toda la ciudad antigua en tuk-tuk, compartimos y nos tomamos fotos con algunos locales y tuvimos la oportunidad de explorar las ruinas de los templos, los baños reales, la ciudadela y otros monumentos.

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Las fuertes lluvias de Anuradhapura impidieron que pudiéramos conocer más de esta localidad. Un par de días más tarde nos marchamos a Kandy, la ciudad donde se guarda sigilosamente una de las reliquias más importantes para los budistas: uno de los dientes de Siddhartha Gautama, guardado cuidadosamente en una urna de oro. El atractivo de esta ciudad, que también fue capital, es precisamente el Templo del Diente de Buda, un lugar sagrado de peregrinación, que se considera, debe ser frecuentado al menos una vez en la vida de los locales budistas.

Aparte del templo, otro de los atractivos de la ciudad de Kandy es el Queens Hotel. Estratégicamente ubicado justo enfrente del antes mencionado templo, este lujoso hotel de estilo colonial británico, es uno de los más antiguos en todo el país y cuenta con 160 años de historia y 80 habitaciones preciosas. Aquí nos alojamos y pagamos $80/noche por una habitación doble, desayuno y cena estilo bufé (¡sabroso!), todo incluido.

IMG_2221.jpegComo todos los pedazos de tierra rodeados de mar en el mundo, Sri Lanka también comparte un parecido con Puerto Rico, ya que a fin de cuentas ambas son islas tropicales de geografía variada (cordilleras, valles, litorales, ríos y muchos lagos, así como costas interminables). Aunque Sri Lanka le supera a Puerto Rico aproximadamente 7 veces en tamaño, también aquí se come pana, carambola, papaya, coco y piña. El placer que genera poder comer frutas y verduras frescas, sembradas localmente y a precios ridículamente bajos, es realmente un placer y cosa que como boricuas disfrutamos más de lo usual.

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Por último y antes de concluir esta entrada, me resta contarles sobre otra de las experiencias espirituales de este viaje al fin del mundo con mamá. Un safari majestuoso que hicimos en Udawalawe, un parque nacional al sur del país donde pueden observarse varias especies de animales en su estado natural, fue realmente impresionante. Esa mañana, que resultó ser el día de Navidad, Jayir nos recogió a las 5:30, puntual como siempre. Un jeep enfangado nos esperaba a la puerta del hospedaje y tras subirnos a la parte trasera descapotable, emprendimos el viaje al parque, entre la oscuridad y el fresco de la madrugada. Los primeros rayos de sol nos dieron la bienvenida y la inmensidad de aquella tierra cobró vida con los destellos rojos, naranjas y violetas en el horizonte.

This park no good for see elephants, insistía Jayir- cosa que me tenía molesta porque el libro Lonely Planet decía lo contrario y aquel era mi real interés en haber llegado hasta allá. Pero la realidad es que Jayir- como casi siempre- tenía razón. Habían otros parques con muchos más elefantes en Sri Lanka y lograr verlos en este representaba casi un desafío. Tardamos un par de horas en lo que vimos movimiento por parte de los animales, aparte de los impresionantes pavos reales trepados en las ramas más altas de los árboles. Pero una vez se logró, era como estar en medio de la selva de Lion King. Tuvimos muchísima suerte; aquí un resumen de lo mejor que vimos.

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Pareciera ser que la suerte nos acompañó incluso después del safari, cuando continuamos viendo elefantes salvajes al lado de la carretera. Aunque son criaturas hermosas, toca tener mucho cuidado al acercarse y tener contacto con ellos- cosa que los locales (incluyendo Jayir) no recomiendan en absoluto. Pero aún así, hice oídos sordos y me tomé este selfie arriesgado con mi animalito favorito en el universo. Y aunque no respeté las reglas en su totalidad, puedo decir que no me arrepiento. ¡¿Qué mejor manera de celebrar Navidad?! ¡A visitar Sri Lanka que no se arrepentirán!

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Un país capaz de transformarse

Cuando el periodista argentino Martín Caparrós escribió su crónica El sí de los niños, narraba sus experiencias viajando por la isla de Sri Lanka durante la década de 1990. La tan bien narrada y descriptiva crónica recoge las historias de europeos adultos -en su mayoría- que mantenían encuentros sexuales durante sus vacaciones en Sri Lanka con jovencitos cingaleses, a cambio de dinero.

Según un informe sometido en el 2017, se cree que los niños son más fácilmente atraídos a dicha industria que las niñas, sobre todo en las regiones costeras del país. Caparrós le llamó en aquel momento, el centro de la prostitución infantil, a la isla que queda a 883 millas del sur de la India y que hoy por hoy, parece haber dejado atrás ese legado infame para convertirse en uno de los destinos de viaje más populares del 2019.

Aunque no existen cifras oficiales relacionadas a la trata sexual de menores en Sri Lanka y los oficiales prefieren hacer la vista larga cuando del tema se habla, el problema aún existe en algunas regiones del país, aunque ha mejorado en los últimos años.

Cuenta Caparrós:

En la playa de Hikkaduwa reina la concordia: media docena de surfistas australianos repletos de músculos muy raros, un par de familias cingalesas numerosas y vestidas, dos o tres matrimonios alemanes gordos con sus niños, tres o cuatro parejas de viajeros con mochila al hombro, unos cuantos perros, un par de pescadores, los chicos morochitos revolcándose y cuatro o cinco europeos cincuentones mirándolos, sopesando posibilidades.

El turismo es la tercera fuente de divisas de Sri Lanka, detrás del té y la industria textil (…) y un estudio reciente mostró que uno de cada cinco chicos había sido sexualmente abusado en Sri Lanka. La cuestión, últimamente, se está convirtiendo en un problema nacional.

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Playa cerca de Hikkaduwa, al sur de Sri Lanka, frecuentada por surfistas y turistas. (2018)

(…)

Releo las páginas del libro Lacrónica, donde aparece la crónica antes mencionada, y la verdad es que además de asombrarme, se me hace difícil pensar que hablamos del mismo país. No encuentro paralelismo alguno entre la Sri Lanka que describe el argentino y aquella de donde regresé hace una semana, después de haberla recorrido doce días de centro a sur y este a oeste.

En los últimos diez años, el país parece haberse transformado y recuperado casi por completo, primero de los residuos de una interminable guerra civil y étnica que duró 26 años (1983-2009) entre cingaleses (budistas, en su mayoría) y tamiles (hindúes del norte del país que quieren formar un estado independiente) y, luego de un devastador tsunami en 2004, que cobró la vida de miles de personas (se estima que más de 30 mil).

Me contó un amigo viajero que visitó Sri Lanka justo antes de que terminara la guerra en 2009, que en Colombo no se podían tomar fotos y si te cogía algún oficial del gobierno con cámara en mano, no tenían reparo en arrancar y desmantelártela. Caparrós cuenta, además, que el control militar en cada puerto durante los años 90 y tiempo de guerra, era latente, pesado y peligroso.

Hoy en Sri Lanka se respira otro aire; el país ha sobrellevado una tremenda metamorfosis necesaria, dolorosa, pero muy efectiva. Queda lejos, la isla, geográficamente hablando, desde casi cualquier país en el mundo (salvo India), y aunque tiene un aeropuerto internacional principal en la ciudad de Colombo, solo entran y salen vuelos de Asia y del Medio Oriente. Para todo aquel que viaje desde América, Australia o Europa, es imprescindible hacer al menos dos escalas… y son largas.

Una vez se aterriza en la capital, un aire húmedo golpea la cara y da la sensación de estar en la India, aunque con menor congestión de personas, tráfico y animales. Las mujeres visten coloridos saris que abrazan sus pieles curtidas por el sol. Pieles que se asoman detrás de telas coloridas, bindis y bisutería dorada…

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Mujeres trabajan la recogida de té -considerado el mejor en el mundo- en Nuwara Eliya, conocida como Little England . (2018)

Ceylán fue colonia inglesa hasta 1947, cuando aprovechó la libertad para cambiarse también el nombre. Aparentemente la isla tuvo otros nombres bajo los reinados portugueses y holandeses, pero desde 1972, el oficial es la República Democrática Socialista de Sri Lanka. El legado colonial aún se percibe y da un contraste sobrio y diplomático a la colorida cultura cingalesa budista. La ciudad de Galle, por ejemplo, es una joya. Sus estrechas calles adoquinadas, el blanco pulcro de sus edificios y la brisa de salitre dan la impresión de estar en el Mediterráneo.

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Galle, al sureste de la isla, es un popular destino turístico en Sri Lanka (2018).

Aquí se come langosta y mariscos que vende el pescador que se pasa el día entero flotando por la bahía sobre su yolita.

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Los mariscos frescos son la orden del día en Galle (2018).

A Galle van japoneses de clase alta y exquisito gusto en moda. También lo frecuentan rusos hippies, australianos y hípsters, así como parejas europeas en luna de miel. Viajeros compran vestidos de seda y coloridos patrones en boutiques de ensueño cuyos dueños son artistas locales y del extranjero. Se comen un gelato italiano de avellana y Nutella en el puesto vecino; se pasean con sombrero de Panamá por todos los edificios de legado histórico y arquitectónico colonial: el fuerte, el hospital, el museo nacional y las antiguas mansiones holandesas. Al cabo del día, en Galle no te sientes como si estuvieras en Sri Lanka. Y a las 10 de la noche, la ciudad con todos sus personajes, se va a dormir.

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Centro de Galle, Sri Lanka (2018).

En la década del noventa, sin embargo, parece haber sido muy diferente. Cuenta Caparrós:

Galle está en plena zona de playas y prostitución: es una pequeña ciudad amurallada con un puerto desde donde los portugueses exportaban canela y pimienta, y creo que no hay lugar en este mundo donde el tiempo sea más lento.

(…)

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Galle Face Green en Colombo es un área de rápido crecimiento económico e industrial. (Foto suministrada).

Colombo también es una ciudad que ha presenciado gran metamorfosis en los últimos años. La inversión extranjera millonaria de países como China ha inyectado en el país un importante motor económico y de infraestructura. Los chinos parecen ser los dueños de esta ciudad-nos comenta un taxista- al cruzar por Galle Face Green, una de las zonas donde es más palpable el dinero que entra y sale del país y se edifica en forma de grandes centros comerciales, lujosos hoteles de cadenas y rascacielos con suites de ejecutivos. Circundante a todo el olor a modernidad y capitalismo, se encuentran los conductores de taxi-motos o tuk-tuks, tomándose una siesta al lado de un pequeño altar con un colorido buda recostado en plena carretera. Quien sea que se pasee delante de un altar o figura de buda, coloca sus manos en forma de rezo y se persigna delante de Siddhartha, no importa cuánta prisa tenga. Colombo huele a motores de carros, de motoras y de autobuses. A diario circulan por sus autopistas y vías principales, unos cinco millones de personas, de 20 que habitan a lo largo de todo el país. Sin embargo, a pesar de la congestión vehicular, la ciudad se conserva limpia, ordenada y en buen estado: una amalgama divina entre modernidad, antigüedad y transformación.

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En la ciudad de Kandy- considerada la meca espiritual del país- devotos rezan en el Templo del Diente de Buda (2018).

Cientos de templos decoran todo el país y mantienen una ferviente devoción budista en casi 95% de la población que sigue esta filosofía de vida. El sincretismo es orden del día, sobre todo en términos de religión y espiritualidad. En el Gangaramaya Temple, el más viejo de Colombo, que no es solo templo, sino también centro educativo, museo, y lugar donde se reúnen aficionados de los artefactos, las estatuas y las curiosidades- se encuentra literalmente de todo. Un enorme y antiguo árbol bodi con cintas colgadas da la bienvenida a los visitantes, una vez se entra por el portón y se remueven y dejan los zapatos en una esquina. A la izquierda una entrada donde aparecen un sinfín de excentricidades: elefantes disecados de tamaño real, demonios de porcelana, figuras de budas chinos, deidades hindúes, más budas- algunos coloridos, otros de oro, de jade y otras piedras preciosas, un círculo de meditación al fondo, devotos que encienden palitos de incienso en una hoguera que quema, la ocasional turista que toma una foto, monjes de cabezas rapadas envueltos en telas anaranjadas, una señora que barre el suelo con una escoba de paja, otra en el fondo que mezcla especies en una olla…

Todo se mueve, nada se detiene y lo que sí se mantiene es la constante evolución de este país.

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La ciudad antigua de Anuradhapura, al norte del país, también es sede hogar de muchos monjes budistas (2018).

A pesar de que los alrededores van cambiando a medida que se aventura más tierra adentro, un símbolo parece ser prevalente donde quiera que uno se encuentre en Sri Lanka: la bandera budista, de fondo blanco y rayas a colores, que airea en cada templo, cada altar, monumento, carretera e incluso en las casas de las personas. Y para los budistas siempre hay tiempo para sonreír y entablar una conversación. Por el karma ser uno de los pilares de esta filosofía, el crimen y la actividad ilícita es prácticamente nula en Sri Lanka. El alcohol, por otra parte – aunque no es ilegal- no se considera una práctica muy común en el país, por lo que suelen haber pocos bares y vida nocturna, salvo lugares frecuentados por turistas.

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Bandera budista en el Templo Gangaramaya, Colombo (2018).

Pareciera ser que la misma sobriedad, el orden, el gran empeño y los esfuerzos colectivos que han empleado conjuntamente el gobierno nacional y las comunidades locales en levantar esta nación una vez azotada y devastada, han sido precisamente vehículos de cambio y la receta necesaria para reformar y transformar el país. Tal vez pudiéramos aprender nosotros también algo sobre esta historia. Un país sí tiene la capacidad de superarse, recobrar su imagen y dejar atrás un pasado y un presente podrido, para dar paso a un futuro brillante y de ilusión.

¡Hola Sri Lanka, adiós 2018!

Comenzó diciembre, se aproxima el fin del año y el Universo esta vez me premia con una escapada a un nuevo destino: Sri Lanka. ¿Qué mejor manera de terminar el 2018 con broche de oro y dar la bienvenida a un nuevo año? 12 días de aventura, safaris, exploración por una antigua tradición religiosa y cultural, comida local que incita los cinco sentidos, mercados artesanos que hacen la boca agua y más me esperan, dentro de pocos días.

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De acuerdo con Lonely Planet, la isla de Sri Lanka- localizada al este de la India- obtuvo el primer lugar en mejor destino turístico para el 2019. Litorales prístinos, ruinas y templos que se han detenido en el tiempo, locales amigables, manadas de elefantes y otros animales que corren libremente por los parques nacionales, olas para surfear, precios módicos, té reconocido mundialmente, comida irresistible y preciosos paseos en tren- hacen de Sri Lanka, antiguamente llamada Ceylon- un destino único.

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Como dato curioso y punto aparte, se le llama Perla del Océano Índico y Lágrima de India, al país. Su principal producto de exportación es el té, aunque también se produce mucha canela. Por otra parte, serendipidad, una palabra preciosa, fue otorgada al idioma inglés gracias a Sri Lanka. Otro dato es que el pico de Adán (Adam´s Peak) es la montaña más grande y la más sagrada del país. Los locales sienten una fuerte conexión espiritual con su entorno natural al punto de venerar ciertos elementos como éste.

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En el 2004, el país fue devastado por un tsunami que afectó también a gran parte del sureste asiático, pero ya afortunadamente, se ha podido recuperar y reconstruir casi en su totalidad. Anteriormente, de 1983 al 2009, se vivió una sangrienta y cruel guerra civil y étnica entre el gobierno y los tigres tamiles, un grupo militar separatista.

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En Sri Lanka se habla inglés, sinhala y tamil. Se come curry y arroz, un plato nacional típico, meticulosamente sazonado con una amalgama de especies que varían: cardamomo, leche de coco, chiles, cilantro, vegetales y proteína (carne o pescado- opcional). La mayoría de los locales, sin embargo, son vegetarianos.

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La moneda local es la rupia de Sri Lanka y una equivale a 0.0056 dólares estadounidenses. El método de transporte por excelencia es el tren, que conecta el país de norte a sur y este a oeste. Para los turistas es particularmente deleitoso admirar vistas de plantaciones de té y otras siembras pintorescas. Sin embargo, para trayectos cortos, el tuk-tuk, o taxi mototan común en la India y en el sureste asiático- es la mejor manera de moverte: accesible, económico y divertido.

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El sincretismo religioso es evidente por medio de 2000 años de herencia que puede admirarse en los templos budistas, hindúes, jainistas, en las iglesias y también en las mezquitas.

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Pero si de recuperar la salud se trata, Sri Lanka es el mejor lugar para ir en busca de un tratamiento ayurvédico (sistema antiguo indio de medicina y salud, designado para aliviar dolencias y rejuvenecer por medio de la dieta y el estilo de vida). Existen varios ashrams y spas dedicados a la práctica de yoga, meditación y otras técnicas de sanación holística.

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Sri Lanka es particularmente interesante, pues aparte de la mezcla de culturas endémicas: india y tamal, principalmente, también encontramos el legado colonial británico y holandés, que aún se sienten fuertemente, a pesar de que los ingleses huyeron en 1948, una vez se estableció la independencia. La arquitectura, los procesos burocráticos, museos, hospitales y edificios públicos dan continuidad a estos imperios.

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Una unión de este y oeste, presente y pasado se fusionan en este atractivo país que me ilusiona tanto poder conocer. En una próxima entrada contaré mis primeras impresiones, pero mientras tanto, ¡a disfrutar diciembre, la Navidad y SRI LANKA!

La Comuna 13 de Medellín

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La Comuna 13 de Medellín es una comunidad marginada azotada por el narcotráfico y la violencia que hoy busca reinventarse por medio del arte urbano.

Lluvia de balas. Secuestros. Extorsión. Asesinatos. Olor a pólvora y muerte. Cadáveres tirados sobre el suelo. Otros calcinados. Metralletas. Violaciones masivas de derechos humanos. Violencia generalizada. Impunidad. Miedo. Terror. Así ha sido la realidad de la Comuna 13 de Medellín, una de 16 comunidades marginadas que se encuentran a lo largo de la periferia de esta metrópoli y fue formada, en su mayoría, por campesinos desplazados de sus tierras por grupos armados ilegales. Hoy día, la Comuna 13 cuenta con 160 mil habitantes y, a pesar de que los esfuerzos comunitarios y por parte de la Alcaldía de Medellín por reconstruir la imagen y restablecer la paz son palpables y han sido reconocidos, aún queda mucho camino por recorrer.

Cuenta un artículo publicado en el portal Infobae de Colombia, que:

“Para la década de los 80, el capo Pablo Escobar, al mando del Cartel de Medellín, encontró entre la pobreza y falta de oportunidades de las comunas, la cuna de sus nuevos lugartenientes, cultivando la cultura del dinero fácil de la cocaína. Para los jóvenes de familias desplazadas, ingresar a esas estructuras criminales era la única promesa de ascenso social. Entonces, se formó una red de sicariato al servicio del narcotraficante, dedicada al secuestro, extorsión, ajustes de cuenta y homicidios”.

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En un inicio, los residentes se instalaron en la Comuna 13 en medio de la pobreza extrema, la desesperanza, las casi nulas posibilidades de empleo y, por supuesto, la carencia de servicios básicos. Construyeron sus casas con materiales como madera, plástico, barro, cartón y cinc. En un inicio, no poseían alcantarillados, por lo que construían zanjas a lo largo de la montaña para evacuar aguas negras. Tampoco contaban con servicios básicos como agua potable, razón por la cual dependían de los nacimientos de laderas para conducir el líquido con mangueras hasta las residencias más cercanas. Para cocinar, usaban fogones con leña y más tarde, por medio de la apropiación ilegal, algunas casas se abastecieron con energía eléctrica mediante cables conectados a los postes principales.

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Muchos de los residentes de la Comuna sostienen los techos de sus casas con ladrillos u otros objetos pesados para prevenir que se vuelen.

En el siguiente vídeo, una de las guías locales cuenta cómo se fundó y fue poblando la Comuna 13.

Junto a un grupo de alumnos y ex alumnos de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo (UPRA), visitamos esta comunidad el pasado mes de octubre y tuvimos la oportunidad de recorrer sus calles y observar su historia ilustrada por medio de graffitis y arte urbano. También pudimos escuchar los testimonios de guías locales y hablar con algunos residentes como el Chota 13, uno de los artistas más reconocidos de la Comuna, que hoy lidera un proyecto de reinvención y autosustentabilidad para la comunidad, utilizando como vehículo el arte, el baile y la música. Gracias a esfuerzos como estos la Comuna ha sido capaz de transformarse en una comunidad vibrante, creciente y con mayor grado de optimismo e invención.

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Tinta Digital posa junto a El Chota 13, artista urbano de la Comuna 13 en Medellín (octubre, 2018).

La Comuna 13 de Medellín fue el epicentro de la mayor confrontación armada que se ha producido en la historia de este país. Su víctima principal fue la población civil, aunque las agrupaciones militares y paramilitares, así como las bandas de delincuencia involucradas y sobre todo, los niños, también murieron como resultado del conflicto.

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Yoni Alexander Rendón, un policía paisa quien asegura estar comprometido con las comunidades y los procesos sociales que han afectado su país, publicó la primera edición de su libro Comuna 13: El drama del conflicto armado en el 2007 y la más reciente, en el 2017. En sus páginas recoge cientos de testimonios y entrevistas realizadas a personas involucradas directa o indirectamente con las secuelas del narco y la violencia armada y va construyendo un relato riguroso de la historia de esta zona. Cuenta Yoni que las milicias de las FARC, así como otros grupos controlaron la Comuna por más de 10 años.

En el año 2000, el conflicto se agudizó porque los grupos mencionados estaban disputando el control del territorio. La Operación Orión fue una sangrienta intervención militar liderada por el gobierno de Álvaro Uribe en 2002, que se consideró el fin de la guerra para algunos, aunque aún no puede considerarse terminado por completo el conflicto.  Se dice que durante este operativo hubo 17 muertos, 80 heridos y 350 detenidos. Extrajudicialmente, los grupos paramilitares dejaron 71 asesinatos y 95 desaparecidos, muchos de los cuales aun no se sabe nada en la actualidad, aunque la comunidad ha denunciado que fueron enterrados en una fosa común en la montaña de basura conocida como La Escombrera.

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La Escombrera se considera la fosa común más grande en Colombia (Foto suministrada).

Sin embargo, desde entonces se ha implementado un modelo de seguridad y convivencia para los residentes y también turístico y de auto-sustentabilidad para visitantes que vienen del extranjero. Es este nicho quien principalmente se ve atraído por los coloridos murales que pueden observarse a lo largo y ancho de la Comuna 13, muchos de los cuales van contando la historia de este barrio por medio de diferentes símbolos: animales, deidades, figuras antropomorfas, índigenas, entre otros.

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Otro de los atractivos de la Comuna es la larga y anaranjada escalera eléctrica construida como símbolo de la modernidad y de la paz para esta comunidad. Inaugurada en el año 2011, la escalera se ha convertido en un modelo de planificación urbana internacional. Se trata, además de un lindo accesorio para la comunidad, en un elemento práctico e indispensable de transporte que agiliza el movimiento de personas que suben y bajan las empinadas laderas de la Comuna 13 a diario.

El arquitecto Carlos Escobar presentó la idea. «Nadie confiaba en que este proyecto pudiera ser posible. Antes, esta área estaba bajo el control de las pandillas», dijo. «Ahora mismo, esta área se ha convertido en una zona neutral. El control está en manos de la comunidad. Es realmente hermoso porque desde la construcción, nunca hemos escuchado nada acerca de violencia en este lugar. Esto ha aumentado el orgullo de la comunidad».

La escalera se une al Metrocable, otro de los esfuerzos para modernizar y diversificar el transporte en la ciudad de Medellín, liderados por la Alcaldía en un esfuerzo por transformar la imagen de la metrópoli, conectar más fácilmente a los ciudadanos con el centro de la ciudad y también atraer el turismo.

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Para visitar la Comuna 13, hacer un recorrido guiado y conocer más sobre su historia, busque en Airbnb bajo ´Experiences´ o consulte con un guía de viajes.

Cómo el fenómeno Bad Bunny está redefiniendo la masculinidad

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El artista y cantante del género musical ´trap´ del momento se llama Benito Antonio Martínez Ocasio y es mejor conocido en Puerto Rico y en el mundo como ´Bad Bunny´. Al joven de 24 años, natural del pueblo de Vega Baja se le ha llamado el ´poster boy´ del trap latino, ya que ha ascendido al estrellato en menos de dos años, obteniendo el número uno en el Billboard con su éxito ´I like it like that´ junto a Cardi B, así como colaborando con un sinfín de artistas y músicos en el ámbito internacional, posicionándose de esta manera como un artista ´mainstream´ a pesar de ser portavoz de un género cuyas canciones no salen al aire en la radio ni pueden comercializarse de modo tradicional.

Su fanaticada está compuesta por un grupo heterogéneo en cuanto a edades, estratos socioeconómicos, e incluso sexualidades. Son ellos quienes reconocen a Bad Bunny desde la primera sílaba y comprenden que, a pesar de formar parte de un género musical históricamente asociado con la misoginia, el sexismo y la cosificación de la mujer como objeto sexual a la disposición del hombre, la realidad es que el fenómeno de Bad Bunny está rompiendo con ciertos estereotipos relacionados a la identidad de género y la construcción de la masculinidad.

En un género musical plagado de machismo, hace una década hubiera sido imposible hablar del principal exponente apareciendo en redes sociales y sobre el escenario con un estilo ´queer´ y tan fluido en términos de género: uñas pintadas de colores subidos, ropa estampada, gafas de mujer y estética natural y sin complejos (ni afeitado). A pesar de dominar gran parte de la cultura popular e incluso el discurso de la política nacional en las últimas semanas, el fenómeno de Bad Bunny no ha sido abordado desde una perspectiva académica, tomando en cuenta los principales marcos teóricos del estudio de género y la importancia de profundizar en su impacto en la redefinición de la masculinidad puertorriqueña en el siglo XXI.

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Medios, música y masculinidad

Todos los medios de comunicación reproducen y perpetúan imágenes e ideales en torno a la sexualidad y el género. En términos de la masculinidad, los medios y sobre todo la televisión, típicamente ejemplifica al hombre como agresivo, competente, poderoso, dominante, en control e involucrado en actividades que de alguna manera alimentan o dan sentido a su masculinidad. Dichas características refuerzan el ideal estereotipado de la masculinidad extrema: fuerza, virilidad, independiente, agresivo sexualmente, violento y en control absoluto de sus emociones, es decir, de ninguna manera, femenino. A pesar de que la noción de masculinidad está sometida a constantes cambios, no puede considerarse estática, sino todo lo contrario: es cambiante y depende y es moldeada por factores sociales, culturales e incluso, biológicos. Hablar de una sola identidad masculina hegemónica sería excluir e ignorar todas estas variantes, circunstancias y condiciones. Lo que sí podemos recalcar es que la masculinidad, similar a otras identidades, se construye en base a la otredad.

La música se considera uno de los vehículos que desde siempre ha jugado un papel crucial en términos de la construcción de la masculinidad y los ideales reforzados por una cultura patriarcal y capitalista. De acuerdo con la opinión de los profesores Hugo Viera y Carlos García de la Universidad Metropolitana de Puerto Rico (UMET) quienes en el 2016 participaron en un conversatorio sobre masculinidades.

 En Puerto Rico, por ejemplo, existen registros de canciones que fueron escritas hace más de 100 años y cuyas letras son reflejo de una idiosincrasia machista, que por un lado promueven la violencia física y sexual, la fragmentación del cuerpo femenino con énfasis en sus órganos sexuales y la cosificación de la figura femenina como objeto de placer (Peña, 2016).

La masculinidad en este contexto se construye basado en el control sexual que se ejerce sobre la mujer, un poder que es justificado por la violencia física y simbólica, es decir, la cosificación de lo femenino. Existe además una noción de aceptación generalizada, ya que la violencia sexual al ser cantada y popularizada tanto por los medios como por el público general se considera inofensiva.

Dada la actualidad del tema, existe escasa bibliografía e investigación dedicada a abordar las nociones de género y construcción de masculinidad en el ámbito de la música urbana y el trap. Sin embargo, el fenómeno se ha estudiado partiendo desde el género de reguetón, al que haremos referencia. Merece la pena señalar que a pesar de que se trata de géneros diversos, comparten ciertos imaginarios y discursos entre sí, ya que la música como expresión cultural confecciona y disemina formas de entender el mundo y entenderse a sí mismo partiendo de la otredad. Asimismo, la música apela a los sentimientos de la audiencia y de aquellas personas que se identifican con la lírica y el discurso y comparten algunas de las experiencias narradas. En términos de la identidad masculina, se construye socialmente a partir de un sistema patriarcal en el que se les asignan a los hombres una serie de características y mandatos sobre lo que se considera masculino o no socialmente. Para Umberto Eco existen una serie de símbolos no verbales como la música, la danza y los rituales asociados, que ponen en evidencia la construcción de género. A pesar de que el reguetón y el trap no provienen de la misma coyuntura histórica, sus discursos son compatibles en términos de estos tres signos previamente mencionados y la mayoría de sus cantantes y productores de discurso son hombres.

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Cómo el fenómeno Bad Bunny está redefiniendo la masculinidad

Benito Antonio Martínez Ocasio, mejor conocido como Bad Bunny, se ha tornado desde hace solo dos años en un fenómeno a nivel social, cultural, musical, mediático, e incluso político. Es sin duda alguna, el portavoz de un nuevo movimiento catalogado por éste y otros exponentes del género de música urbana, como la Nueva Religión. Uno de los rasgos más asombrosos de Bad Bunny ha sido su “meteórico ascenso al estrellato, (que) sin un disco en la calle, provocó una reunión de emergencia en la Academia Latina de la Grabación (Latin Grammy) para analizar si el suceso amerita que se instituya una nueva categoría en la música urbana” (Torres, 2018).

Con solo 24 años, Martínez Ocasio pasó de ser un estudiante que cursaba su carrera en el Departamento de Comunicación Tele-Radial en la Universidad de Puerto Rico en Arecibo y era empacadero de un supermercado a tiempo parcial, a ser la estrella del momento y el exponente principal del género trap, no solo en Puerto Rico, sino también en América Latina, Estados Unidos y Europa.  Aunque no terminó sus estudios universitarios, Bad Bunny siempre hace mención de la importancia de estudiar a la población joven que le sigue y también de su cuna humilde en el pueblo de Vega Baja. Dicha identificación sincera le ha favorecido y ganado una fanaticada que trasciende los estratos socioeconómicos, las edades, las ideologías e incluso las sexualidades. En entrevista con Mariela Fullana, periodista del periódico El Nuevo Día, Martínez Ocasio expresó que el mensaje que desea propagar es uno de felicidad, inclusión y en contra de la norma.

En los pasados meses Bad Bunny ha estado de gira por Estados Unidos, América Latina y Europa, mientras que en el año 2017 ya había sobrepasado los 4 mil millones de visitas en YouTube, realizado numerosas colaboraciones musicales con exponentes de su mismo género, de la salsa y del reguetón, así como figuras internacionales tales como: Marc Anthony, J Balvin, Ozuna, Arcángel, Becky G, Pharell Williams, Jennifer López, Nicki Minaj, Natti Natasha, Enrique Iglesias, Cardi B y un largo etcétera. Revistas de gran renombre como Rolling Stone han reseñado su ascenso al estrellato, así como populares programas de televisión nocturna como el de Jimmy Fallon le han acogido y permitido vocalizarse sobre temas más políticos relacionados al presidente Trump y el pobre manejo de emergencias del gobierno puertorriqueño tras el paso del huracán María por la isla.

Según Luis Rivera, director de Programación de Música Latina en Music Choice, “nunca vi a un artista desarrollarse tan rápido en el mercado latino. Cuando sale al escenario, nadie se sienta”. Los fanáticos de Bad Bunny reconocen su singular estilo y voz desde la primera sílaba. Podría también decirse lo mismo con relación a las tendencias de moda que ha popularizado y la construcción o redefinición de la masculinidad que refuerza por medio de su discurso y su estilo excéntrico y libre de prejuicios. Pensar que hace una década sería impensable que un exponente de música urbana pudiese acoger un estilo tan contrario al estandarte de la moda de reguetón.

Hoy día vemos al líder de un movimiento auto definido como ´la nueva religión´ que se pinta las uñas, tiene el pecho peludo, usa un micrófono de color rosado, viste con estampados muy coloridos y con gafas de mujer y, a diario redefine la masculinidad dentro de un género homofóbico de por sí. Hace unos meses durante su gira por Europa, Bad Bunny entró en un salón de belleza en Oviedo (España) buscando refrescar su manicura, servicio que le fue negado en el negocio por no ser mujer. El artista no tardaría en denunciar dicha exclusión y las normas de género en sus redes sociales, acción que tuvo también mucha repercusión y generó opinión pública.

Conclusión

Muchos podrían argumentar que Bad Bunny solo refuerza el discurso y el machismo del reguetón y otros géneros de música urbana por reproducir una lírica misógina en el que la mujer solo representa un objeto de placer para el hombre y se incita a la práctica irresponsable de sexo, al uso y consumo de drogas y actividades ilícitas. Sin embargo, en comparación con otros exponentes, el discurso de Bad Bunny ha mostrado ser diferente, que rompe barreras y rechaza estereotipos recurrentes, y su popularidad extrema es muestra de ello. Su lírica promueve el positivismo efímero y su moda da paso abierto a la construcción menos estereotipada de la masculinidad en un sistema reforzado por dos males que solo laceran nuestra sociedad: el capitalismo desenfrenado y el machismo. En términos del discurso antiguo, la masculinidad requiere una validación homosocial y aceptación en el reino de la virilidad. Pareciera ser que a Bad Bunny esto no le interesa, sino precisamente todo lo contrario: ir en contra de la norma, de lo establecido y continuar rompiendo esquemas. Y aunque sea efímero su mensaje, es merecedero de ser estudiado.

(Este texto forma parte de una ponencia presentada por Sarah V. Platt para el 1er Coloquio sobre hombres y masculinidades, organizado por la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras el pasado 25 de octubre de 2018).

Cómo maximizar el uso de redes sociales

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Facebook & Instagram como herramientas periodísticas fue uno de los primeros talleres a los que asistió el equipo de Tinta Digital de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo (UPRA) durante el Festival Gabo 2018, que se celebró del 3 al 5 de octubre en el Jardín Botánico de Medellín, Colombia.  La charla interactiva a cargo de Alejandro González Huerta, invitado especial y experto en redes sociales, quien colabora con el Facebook Journalism Project, una iniciativa educativa y de empresarismo internacional, se llevó a cabo durante el primer día de dicho encuentro y reunió a participantes de varios países latinoamericanos interesados en maximizar su experiencia y éxito en las redes. La popularidad de ambas plataformas se produce, según el conferencista, por tres tendencias principales que son: visuales fuertes, el uso de la primera persona y la autenticidad. Sin embargo, no todos los usuarios de dichas redes conocen cómo maximizar su potencial. ¿Qué recomienda Alejandro?

  • Encontrar tu foco
  • Postear consistente y frecuentemente
  • Maximizar soportes
  • Establecer prioridad entre lo ‘real’ sobre lo ‘perfecto’
  • Construir comunidad
  • Dirigirte a una audiencia joven

“El feed permite preservar momentos con una narrativa bien pensada”, expresó. Asimismo, los posts deben captar movimiento y procurar una secuencia.

¿Cómo se consigue el éxito de una narración en redes sociales? Según Alejandro, cuatro posts al día, ya sean en formato video o imagen, se considera el número ideal, aunque en la narrativa de una cobertura, de seis a ocho posts deben contar la historia completa por medio de entrevistas en tiempo real que sigan un orden lógico y un tono atractivo y auténtico. “No pienses de mas; casual es siempre mejor”.

 

Para más información sobre Facebook Journalism Project, oprima aquí.

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Memorias a un año de María

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Mariela Fullana modera un panel compuesto por: Ana Teresa Toro (periodista), José Javier Pérez (corresponsal en Orlando), Dr. Juan Lara (economista) y Dr. Jorge Duany (sociólogo) luego de la presentación del documental «Después de María: Las 2 orillas», de Sonia Fritz.

Ayer fue un día muy duro de sobrellevar para cada uno de los y las puertorriqueñas. Las lágrimas no faltaron, tampoco los tacos en la garganta y los síntomas de estrés post traumático, que en cierta medida padecemos todos. Los medios nacionales y las redes sociales se abarrotaron de catarsis, fotos y memorias tangibles de hace 365 días. Imposible es no rememorar todas las evocaciones del 20 de septiembre de 2017. El gemido ensordecedor y desesperante del viento que se colaba por las ventanas, las violentas ráfagas que parecían aumentar con cada respiro, el agua y el fango queriéndose introducir por todos los espacios abiertos, el crujir de los troncos de árboles partiéndose en trozos y siendo desgarrados desde la raíz por una potencia enfurecida… El 20 de septiembre quedó tatuado en la memoria individual y colectiva de cada boricua dentro y fuera de la isla. Su huella es imborrable y imperecedera.

 Hace un año fuimos testigos de la dura espera y el anticipo de María. Ada Monzón, cuyo apellido hace muy buen legado a su vocación de meteoróloga, anunciaba que habría un Puerto Rico antes y otro después del huracán. Sus palabras producían eco en la opinión pública, aunque realmente no las entendimos ni asimilamos hasta después. La ansiedad producida por el anticipo de un desastre natural nunca antes visto, como lo fue este, produce una sensación difícil de explicar. Por una parte, una enorme preocupación que raya en la histeria se apodera de uno. Luego en el momento en que crece dicha sensación, de repente se duda, se niega y aumenta también la esperanza de que el fenómeno cambie su ruta y su trayectoria a último momento. No se sabe qué hacer, ni qué esperar y todos nos mantuvimos en ese limbo hasta que por fin el ciclón nos tocó a la puerta en horas de la madrugada.

El anticipo ansioso de María, sin embargo, jamás se asimila a las memorias de aquel 21 de septiembre cuando todos nos levantamos a conocer una nueva isla: devastada, incomunicada, deforestada, olvidada y carente de liderazgo, ayudas y auxilio. Hace 12 meses teníamos miedo, temíamos sin saber qué esperar. Hoy, tras un año de este día, perdimos el temor. Ya lo peor pasó, como pueblo lo sobrellevamos valientemente y demostrando resiliencia. La vida post María en Puerto Rico, sin embargo, se ha tornado mucho más complicada de lo que era previa al desastre. La relación y el yugo colonial con Estados Unidos se han agudizado, así como la pobreza y la corrupción.

Puerto Rico ahora se considera el tercer país más desigual en América y María solo destapó esa realidad que para muchos era desconocida. Ahora, un año más tarde, el huracán se tornó una parte integral de cada uno de nosotros y mencionar su nombre a diario, también.

Para conmemorar este día, ayer asistí a la presentación del documental “Después de María: las 2 orillas” de la cineasta mexicana y profesora de la Universidad de Sagrado Corazón, Sonia Fritz. El largometraje presenta una de muchas historias de María, enfocada sobre todo en la experiencia de la diáspora boricua en la Florida y los esfuerzos comunitarios que se produjeron en la isla después del paso del ciclón. En palabras de la periodista Ana Teresa Toro, quien fue una de las invitadas especiales del conversatorio que se celebró luego de la presentación del filme: “el documental nos invita a concentrarnos en volver a soñar”. Fritz añade: “Recuperé la fe en este país gracias a este proyecto”.

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Sonia Fritz, cineasta mexicana y profesora, radicada en Puerto Rico. (Foto suministrada).

La idea inicialmente surge por el interés de Fritz en recoger historias sobre “proyectos que estuvieran llevándose a cabo en distintos puntos de la isla y que contaran cómo la gente estaba resolviendo y tomando su futuro en sus manos, tanto personalmente como colectivamente.  También me inquietaba la migración a Estados Unidos y la separación de las familias, por ello incluí desde el principio la mirada a la otra orilla y ver lo que estaba pasando en Orlando”.

Y es que a pesar de que “las comunidades están buscando soluciones desde adentro, el gobierno no se mueve en la misma dirección”, dice Toro. María es muestra fehaciente de que las soluciones no siempre se encuentran en el exterior, desde el gobierno municipal, estatal, o incluso desde Washington, sino desde aquí. El motor de cambio social tiene que producirse en forma de gobierno comunitario, no de un gobierno que alaba al opresor, niega nuestros muertos, actúa negligente y corruptamente y descuida y maltrata a sus ciudadanos.

Otro de los panelistas, quien aparece en el filme como una de las fuentes principales es el Dr. Juan Lara, economista, quien sostiene que: “el problema real es que no tenemos proyecto de país- pero aquí sí lo vemos- aunque tal vez no desde la Fortaleza”. Lara se refiere precisamente a los esfuerzos comunitarios de comedor social, entrega de alimentos y suministros, mercados agrícolas y rescate y conservación de vida marina que se presentan en el filme. Dichos esfuerzos fueron liderados en su mayoría por voluntarios, quienes tomaron el control de la situación de emergencia en sus propias manos y se negaron a esperar que el gobierno extendieran su ayuda y se encargara de crear estabilidad en medio del caos que produjo María (cosa que seguimos esperando).

En “Dos orillas”, la protagonista no es María ni sus ráfagas, sino precisamente todos los héroes anónimos, tanto en la isla como en la diáspora, que se han encargado de organizarse mediante esfuerzos solidarios para extender ayudas a los más afectados tras el huracán. Asimismo, el filme narra las historias de boricuas que tuvieron que emigrar forzosamente y desde la diáspora se han convertido en embajadores de nuestra cultura. Según el sociólogo y profesor de la Florida International University, el Dr. Jorge Duany, la población de Puerto Rico se redujo de 3.8 millones de habitantes a 3.2, y el descenso continúa. “135 mil se fueron y no han regresado”, añadió.

Dediquemos este momento y esta conmemoración, pues, a todos los héroes anónimos, líderes de comunidad y personas que se dedicaron durante y después de la tragedia a pensar en sus vecinos, romper cadenas y cerraduras para entrar a escuelas a improvisar comedores sociales desde las cocinas de estos planteles, repartir comida a ancianos y enfermos, distribuir recursos a las comunidades más remotas e inaccesibles, y todo por responsabilizarse de reconstruir el país sin esperar nada a cambio. Son estas personas las que realmente han dado el frente desinteresadamente ante el segundo huracán que ha enfrentado Puerto Rico: el abandono y la negligencia casi absoluta de parte de las agencias de gobierno. Esto aumentado a las condiciones precarias que enfrentaba el país, incluso desde hace una década antes de que azotara María, es el reto y desafío que nos toca asumir a cada uno de nosotros. Empecemos desde hoy, manos a la obra, a reconstruir nuestra patria desde nuestros propios espacios.

Esquelas

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El pasado jueves, 23 de agosto, se inauguró en el Taller de Fotoperiodismo, ubicado en Puerta de Tierra (San Juan), la exhibición «¿Quéslaque? Es que la…», obra del maestro Antonio Martorell, dedicada a las personas que perdieron sus vidas directa o indirectamente tras el paso del huracán María en la isla. Desde luego, la obra demuestra cómo el arte puede convertirse en vehículo de protesta y partiendo de su imagen central: un mapa de Puerto Rico confeccionado a base de recortes de esquelas de periódico y decorado con un juego de palabras, se percibe un fuerte aroma a denuncia.

Esquela, escombro, esquizofrenia y esqueje son algunas de las palabras tartamudeantes con las que juega el artista en su muestra. Es ese mismo ruido cacofónico, según Martorell, el que se produce cuando el gobierno intenta explicar algo al pueblo, que nunca logra.

«¿Quéslaque? Es que la…» es una exhibición dedicada a la memoria tanto colectiva como individual de las personas fallecidas por el Huracán. El artista tomó su propio coraje para denunciar la falta de acción y el engaño de parte del gobierno con relación a una de las tragedias mayores en la historia moderna de Puerto Rico.

El duelo colectivo es representado de diversos modos en esta muestra, incluyendo una mesa en el centro en forma de ataúd sobre la cual se encuentran muestras interactivas: un álbum de fotos vacío, otro con esquelas en lugar de imágenes y por último, un diccionario escatológico. Al lado de cada álbum los visitantes encontrarán un par de guantes de mano que deben ser colocados antes de hojear las páginas.

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La cifra oficial de muertos aún se mantiene en una tercera parte de la cifra no-oficial, de acuerdo a un estudio conducido por Harvard University, cuyos investigadores concluyeron que el promedio de fallecidos tras el huracán María es de 4,645 personas. Pese a las presiones mediáticas tanto locales como internacionales que se han ejercido contra el gobierno, los líderes que nos gobiernan insisten en ignorar este dato. Ignoran, mientan y ocultan y esa parece ser la real tragedia que ha inspirado al maestro Martorell en esta ocasión.

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«Quien niega la muerte, reniega de la vida. Porque los muertos cuentan, son número y nombre, palabra y profecía. Vivimos y morimos en un Puerto Rico sólo de nombre, que hasta de muertos parecía que carecemos a La Luz de las cifras oficiales. Pero no, muchos se van y otros se mueren, no por voluntad, que quede claro. Nuestro gobierno, que no es nuestro ahora más que nunca, niega la muerte y con su negligencia criminal empuja la emigración a otras tierras. Puerto abierto éste donde recalan huracanes inmisericordes y presidentes dadivosos de miseria, fantoches de papeles sanitarios. Hemos decidido mostrar las esquelas borradas, las muertes secuestradas, la vida mentida. Invitamos a nuestro pueblo a enfrentar este ciclón de negación porque tenemos derecho a llorar, enterrar y contar nuestros muertos. Esquelas como estrellas, esquinas de esquelas, escombros, escondites. Es que la vida no es una mentira y la muerte tampoco. Afirmemos la vida contando la muerte. Que descansen en paz los difuntos y que los vivos respondan por los muertos»- Antonio Martorell (23 de agosto 2018, San Juan de Puerto Rico).

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La exhibición estará abierta al público hasta el 24 de septiembre y el dinero generado por la venta de las réplicas de esta obra en la que aparece Martorell pintando, serán destinados al Taller de Fotoperiodismo.