Aunque se sufra como un perro, no hay mejor oficio que este


En algunos oficios, ver el fruto de la labor realizada, es sin duda alguna, más fatigoso y menos evidente que en otros. Un vendedor no enfrenta este problema, pues automáticamente sabe si alcanzó o quedó por debajo de la meta semanal o mensual establecida por su empresa. Lo mismo sucede con un quirófano, un mecánico o un jardinero que de manera casi inmediata puede observar los frutos de su trabajo y saber si lo ha hecho bien o mal. El paciente sobrevive a la operación, el motor del auto vuelve a encender y la clienta ahora presume de su nueva floresta.

En el caso del periodismo y la educación el escenario es contrario. Cuando se es periodista, puede pasar mucho tiempo hasta verdaderamente conocer y sentir el peso y la huella que conlleva realizar esta labor. A pesar de que lo que escribimos impacta diariamente a cientos de personas, la retroalimentación -sobre todo genuina- es mínima. A menos que un lector escriba directamente al periodista o al editor sobre el efecto positivo que ha producido un reportaje, no te enteras. Lo mismo le pasa al educador, a quien tampoco se le producen las oportunidades a diario para saber cuánto realmente aprenden sus alumnos, cuánto recordarán o si les servirá para algo lo que se discutió en clase. A menos que alguno te diga directamente cuánto tu clase ha influído en su vida- tampoco te enteras. Ser periodista, al igual que ser educador, es una labor ardua cuyo mérito ni se valora como es debido, ni se siente a menudo la recompensa del esfuerzo realizado.

“Aunque se sufra como un perro, no hay mejor oficio que el periodismo”

 Así dijo Gabriel García Marquez hace un tiempo a la vez que justificaba que muchos periodistas fueran también alcohólicos, pues según él, como sufrimos tanto, tenemos que emborracharnos cada noche. Fuera de broma, muchas veces es inevitable sentir el desgarre ante el poco reconocimiento de nuestra labor y el complicado panorama laboral y, nuestro motor se traduce a la propia pasión por lo que hacemos, el amor y la vocación que sentimos.
En mi caso, esta gratificación se materializa al oír a un estudiante citar a Kapuściński, repetir algún ejemplo o chiste mongo que dije en clase para querer describir una idea mucho más compleja, o ver que uno de ellos se interesa por investigar un tema, abrir un blog, leer un libro o conocer acerca de la vida de un personaje discutido en clase. Las veces que me pasa, que no suelen ser tan a menudo, producen en mí una sensación que me llena muchísimo y reafirma mi sentido sobre la tierra. Enseñar a ser periodista, a escribir y a pensar de manera crítica es una enorme responsabilidad. Conlleva una complicada labor, puesto que cada persona además de digerir información de su propia manera, carga un bagaje cultural muy individual y también cuenta con unos talentos muy particulares. No todos lograrán ser periodistas ni  a todos les interesará ni se lo disfrutarán tanto como yo, de eso no cabe duda.
No obstante, poder lograr un cambio aunque sea, como mencioné anteriormente, para un puñado de personas, es una recompensa que por más tardía que llegue en materializarse, merece ser esperada. Ayer un alumno abrió su blog y en la página principal hace una dedicación especial a su profesora de periodismo y a su grupo de compañeros. El día anterior otra alumna también debutó en la blogosfera. Esta semana, me han contado dos más, que también se unirán a este movimiento. Aunque cada una de estas bitácoras es diferente, todas comparten unos rasgos. Por ser plataformas de libre expresión, cada una refleja de manera descubierta y sin temor, la identidad de estas personas. Estos alumnos aprendieron, por medio de casos como Yoani Sánchez, Ryszard Kapuscinski, Truman Capote, Oriana Fallaci, Hunter Thompson y tantos otros que discutimos en clase, que lo importante no son las 5W (who, what, when, where, why) tan fundamentales en el periodismo, sino romper con los esquemas, ser originales y no tener miedo a lo anterior.

En las dedicatorias de estos blogs me dan gracias a mí por inspirarles a escribir, a ser libres de pensamiento y a no temer ser diferentes. Pero mi labor no tiene sentido sin ellos. Las gracias infinitas son para ellos porque ahora puedo estar un poquito más segura de que al igual que el quirófano, el mecánico o el jardinero- yo también soy capaz de ver el fruto de mi labor y comprender que voy por buen camino. 

Para ver los blogs de mis alumnos, accedan a los siguientes enlaces:

Otros y Yo  (Reuel Torres)

Perspective (Wilmarie Mena)

Sobre ruedas (Sara I. Rivera)

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