Ya yo ya


 Ayer en conversación con mi querida vecina hablábamos sobre nuestras más recientes rutinas y el cansancio que produce estar siempre disponible para otros. No saber decir que no es un problema que afrontamos muchos. Querer siempre sobresalir y hacer todo lo posible e imposible por exceder, desde luego, agota. Ya yo ya, me comentó en un cierto momento. Era la primera vez que escuchaba esa frase y la verdad es que me tomó un rato poder comprender y digerirla. Me recordó al término surrender en el budismo, noción que implica dejar ir, soltar, aceptar lo que es y no emprender más esfuerzo. Como cuando nadas en contra de la corriente y de repente ante el cansancio generado, decides dejarte ir y permitir que el universo tome las riendas, aunque sea por un breve instante.

Adaptado a yoga, se dice que la posición más retante de toda la práctica es Savasana, la postura del muerto. Aquí debes permanecer inmóvil, quieto y dejarte ir durante los minutos que sean. La mente debe ponerse en blanco y ya no hace falta concentrarse en la respiración, ni esforzar más los músculos del cuerpo. Es momento de aceptar y rendirse- pero no en el sentido peyorativo de la palabra- sino de dejar que el orden de la vida tome su curso y decida por ti. Ya cumplí, ya me esforcé, ya dejo ir. Es solo en este momento en que cabe lugar para la transformación.

En la vida se nos presentan a cada rato momentos en los que tenemos que forzozamente dejar ir. Es imposible e inútil querer controlarlo todo. En la mayoría de los casos, nos resistimos al cambio: el cambio de estación, de trabajo, de hogar, de mentalidad, de rumbo de vida. Hay que soltar, dejarlo ir. Confiar en que nos hemos preparado lo suficiente, hemos hecho lo meritorio y desapegarnos de todo lo que nos sofoca. Aceptar que todo es impermanente y en el constante cambio hallamos también consuelo.

A los workaholics como yo, nos cuesta dejar ir, sobre todo cuando se relaciona a cuestiones del trabajo. A pesar de encontrarme ya en periodo de vacaciones navideñas, me cuesta mucho dejar ir. A menudo pienso que hay algo que se me ha colado, que debo invertir un par de horas en hacer tal cosa u la otra. Nunca es suficiente la labor realizada y siempre hay algo más que se presenta en mi mente. Algo pendiente, algo restante. Para calmar las fluctuaciones de la mente, se requiere de mucha disciplina. A diario practico yoga y como quiera mi mente fluctúa más de lo que quisiera admitir. Por eso la noción de soltar, dejar ir, aceptar y entregarse, cobra gran importancia.

En la filosofía védica se habla sobre cómo yoga es un canal para desatarnos del sufrimiento causado, sobre todo, por las fluctuacions inútiles de la mente. Nuestra mente es nuestra peor enemiga y de la primera que hay que desapegarnos es de ella. Acepta que ya has cumplido, siéntete satisfecho con lo que has logrado y que a pesar de poder hacer más (siempre es posible hacer más), lo que has realizado es meritorio, proporcionado y perfectamente adecuado.

Ya yo ya, me dijo mi vecina. Y en ese momento en que regresé a casa a meditar sobre esa frase tan simple pero a la vez tan profunda, me di cuenta que yo también prescindía soltar. Y como por obra de magia, hallé una enorme sensación de satisfacción.

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