El gallo


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Son las 8:17 de la mañana en Guaynabo City y se abre el portón que conduce a la Calle Vanda. Entra un BMW nuevo de paquete y con la sutileza y elegancia que podría atribuirse al movimiento de un portón de hierro, se dividen dos mundos. Afuera yace el Hogar Crea de este Municipio, o lo que queda del edificio que poco a poco se va arruinando. Adentro, se encierra otro mundo, uno de lujo, riqueza y apellidos de renombre. Y precisamente en el abre y cierra de ese portón se encuentran unos nuevos inquilinos que madrugan cada mañana y parece ser que con cada quiquiriquí, despiertan también a los vecinos.

Me refiero a los gallos que de repente han venido a habitar las zonas urbanas de Puerto Rico. Cada vez que abre o cierra el portón, los conductores tienen que velar por la vida de estas aves que también quieren entrar y se niegan a hacer cola para esperar su turno. Se pasan el día entero cruzando de un lado a otro. Oscilan de la vida callejera, a donde los chicos de Hogar Crea y sus visitantes, hasta el comienzo de la Avenida Los Filtros y luego regresan a la riqueza de la Calle Vanda.

No hay mejor alegoría del campo caribeño que el gallo. No hay gallo tan representativo del campo boricua que los gallos de la Calle Vanda. Parece ser como si la diferencia entre el campo y la ciudad, los ricos y los pobres, se agudizara cada vez más. Antes los gallos solo se veían en zonas rurales de la isla; ahora incluso los vecinos de Miramar escriben cartas al periódico para quejarse de la presencia perturbadora de lo que llaman “criaturas ruidosas y molestosas”.

A través de la historia y de la literatura, el gallo ha simbolizado un vigilante que aguarda la mañana y anuncia la llegada de un nuevo día. En culturas como la puertorriqueña, también representa masculinidad, orgullo, valentía, osadía y coraje. No olvidemos que las peleas de gallo siguen siendo un pasatiempo favorito para muchos. El poeta Luis Palés Matos y muchos otros maestros de la literatura puertorriqueña han dedicado páginas enteras a escenas de la cotidianidad rural donde los gallos encarnan algunos de los protagonistas principales.

Otro ejemplo es La Carreta de René Marqués, donde se protagoniza la historia de una familia campesina puertorriqueña que en la década del 50 emigra del campo a la ciudad y luego a la metrópoli de Nueva York en busca de una mejor vida. La familia primero se traslada a La Perla, “un barrio de mala muerte” en San Juan. Cargan con una mudanza completa que incluía también sus animales de granja. ¿Cómo dejar atrás los gallos? Su vida, sus motetes y también sus gallos- muestra de la conexión con la tierra y la vida campesina- los arrastra una carreta.

Hoy día la situación no se aleja tanto a aquella. La masiva ola de emigración que acontece en la isla desde que la crisis económica tocó la puerta en el 2009 se considera incluso mayor que aquella que aconteció mientras Marqués confeccionaba La Carreta.

Según El Nuevo Día, entre abril de 2014 y marzo de 2015, se fueron del País alrededor de 86,654 personas. La misma cifra, para el año anterior, rondó en unos 61,099 emigrantes. Esto implica un aumento de un 69%. Entre el 2010 y el 2014, el promedio anual de puertorriqueños emigrados, según los datos del BTS, es de 53,020. Si fuéramos a comparar este índice con las migraciones que ocurrieron a inicios de la década del 1950 -el periodo migratorio pico en la historia de Puerto Rico- proponen que alrededor de unas 47,400 personas salían del País al año. Es decir, nos enfrentamos al éxodo mayor en la historia de la isla.

Las razones para emigrar continúan siendo las mismas. El perfil de las personas, en su mayoría, también. Antes la gente se trasladaba de un lado a otro sin dejar atrás sus pertenencias, que incluían, gallos; hoy día, sin embargo, la gente se monta en un avión y lo deja todo atrás. Se han reportado casos de personas que incluso han dejado sus llaves del auto puestas antes de abordar un vuelo sin regreso a los Estados Unidos.

La isla se nos vacía de personas y se abastece de gallos. Del campo a la ciudad y del Hogar Crea a la Calle Vanda- todo se entrelaza y poco se comprende. Ante el éxodo masivo se acentúan más que nunca las diferencias sociales y económicas y se agravan simultáneamente los obstáculos que impiden un mejoramiento. Tal vez sea hora de replantearnos la pregunta: ¿Cuándo por fin entenderemos que la historia se repite y ya nos toca corregirla de una vez por siempre?

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