¡Japi Jalowín!


Acabo de tener una de las experiencias más surreales de mi vida. Llevo 2.5 meses en Polonia. A pesar de ser Halloween, transcurría una noche normal y corriente en el apartamento que comparto con Irina de Georgia (el país, no el estado) y Zhamilya (Kazakhstán). Decidí quedarme en casa descansando. Los jalowines hacen mucho que me aburren.

Ya era pasada la medionoche y me encontraba viendo un capítulo de ¨South Park¨ sobre Cientología y Tom Cruise. Había dejado la puerta abierta un milímetro para sentir el fresquito de afuera. Se me cerraban los ojos, aunque el ruido del pasillo me impedía entrar en un estado de sueño profundo. Los 40 estudiantes españoles de Erasmus que viven en el mismo condominio, otra vez más, decidieron organizar una fiesta con motivo de la noche de brujas. Tanta gente borracha y disfrazada, masacrando las canciones de Sabina con una guitarra desentonada, no dejan dormir a nadie.

Sin embargo, el sueño no tardó en apoderarse de mi. Cerré los párpados medio segundo, hasta que de repente….

¡PAM!

Sentí que algo había volado y se había chocado con mi cara. ¨¡Qué fue ESO?!¨, pensé. La oscuridad de la habitación impidió que viera bien. Muerta del susto, no atreví moverme. De repente en una esquina de mi aposento vi unas alas negras moverse. ¿Mi primera reacción? Un pájaro negro. ¿La segunda? Una paloma o mariposa grande. ¨Pero si estoy en Polonia y aquí no hay mariposas negras grandes como en el Caribe¨, me dije a mi misma. Lo único que tenía claro es que lo que había colisionado con mi frente era un ANIMAL OSCURO y GRANDE.

¨¡AH! ¡AH!¨, grité descontrolada. Se apoderó de mi una histeria perturbada. Me sentí prisionera dentro de una confusa pesadilla. ¨¿Qué era?! ¿Dónde estaba?¨, pensé.

Rápido me vino a la mente una de las supersticiones de las que habla mi madre, quien dice que cuando entra algún animal volador negro a tu casa significa que la muerte está cerca.

Me llené de coraje para levantarme de la cama y abrir la puerta. Fui corriendo a la habitación de Irina a pedir socorro. ¨Un pájaro, un pájaro¨, le dije. ¨¿Qué pasó?¨ contestó, también en un estado soñoliento y perplejo . Agarró la bata de baño, se la puso y fue a averiguar qué había pasado.

Cuando entramos en la habitación, yo, obviamente varios pasos detrás de ella, nos dimos cuenta de que el huésped sin invitación había sido nada más y nada menos que…

¡¡¡un MURCIÉLAGO!!!

El animal era enorme. Negro. Peludo. ¿Cómo había entrado en mi habitación si la puerta estaba practicamente cerrada? ¡No me lo creía! Rápido salí a buscar ayuda de los fiesteros Erasmus mientras el animal intentaba camuflarse entre las cortinas marrones que cubren mis ventanas. Tapé la vista para no morirme de asco y miedo.

Irina y los dos chicos agarraron un jarra de cristal y pasados cinco minutos de batalla con el bicho ciego, lograron atraparlo y devolverlo a la inmensidad de la noche.

31 de octubre. Media noche. Sueños lúcidos. Piso 13. Polonia. Murciélago que me vuela en la cara. Estas cosas sólo me pasan a mí

¡Feliz día de brujas (y murciélagos)!

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