Un país invisible


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El escritor Eduardo Lalo es mejor conocido por su novela Simone, ganadora del premio Rómulo Gallegos en 2013. (Foto suministrada).

¿Cómo repensar algo que no ha sido previamente cuestionado? Desde esa premisa parte Eduardo Lalo, escritor, columnista y profesor universitario, ganador del premio Rómulo Gallegos en 2013 por su novela Simone, quien ha sido invitado como conferenciante especial en el 2do ciclo de charlas titulado Repensar Puerto Rico, organizado por la Fundación Luis Muñoz Marín.

Repensar es pensar que pensamos y eso, es engañarnos.

Pareciera ser que el título de uno de sus ensayos, Los países invisibles (Editorial Tal Cual, 2008), retratara a Puerto Rico, una nación no-soberana e invisible ante el mundo por tratarse de la colonia más antigua bajo dominio estadounidense. La invisibilidad es un mecanismo de dominación, añade, para restar importancia al valor real de quiénes somos y hacia dónde vamos.

A pesar de que nació en Cuba en 1960, Lalo es boricua. Pero no el típico. Es de semblante serio, incluso intimidante y se considera una de las figuras más intelectuales del Puerto Rico actual. Incluso el veterano periodista Rafael Lenín López, entrevistador invitado, en ocasiones titubea al formularle preguntas.

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El periodista Rafael Lenín López entrevista a Eduardo Lalo durante el 2do ciclo de conferencias Repensando Puerto Rico.

Eduardo Lalo se graduó del Colegio San Ignacio en 1977 y luego pasaría a estudiar en Columbia University y la Sorbonne en París. Su obra es un híbrido entre novela, ensayo, comentario y recuentos fotográficos. A menudo retrata la ciudad de Río Piedras y el país con palabras e imágenes críticas que hacen que su columna publicada cada semana en El Nuevo Día, sea una de las más leídas.

Precisamente a raíz de su controvertida columna Keleher, la parcelera,publicada a mediados de marzo en El Nuevo Día y dedicada a la secretaria del Departamento de Educación, Julia Keleher, Lalo ha enfrentado grandes críticas, por el empleo de la palabra parcelera. Dice él que es la palabra perfecta para describir a la estadounidense, quien ahora se encuentra al mando de una de las agencias más importantes e inestables del gobierno central: una mujer incapaz de controlar sus estados de ánimo y expresiones, irrespetuosa y de actitud prepotente. Ha sido contratada para burlar, dice. Lo menos que podría pedírsele a un funcionario que ejerce semejante puesto y venga de afuera es que respete nuestra cultura, cosa que esta mujer no ha demostrado en ningún momento. Sus enormes carencias en términos de habilidades, tolerancia y desempeño son agudas y el daño que continúa fomentando en la educación pública, incluso peor.

En esta ocasión han invitado a Lalo para reflexionar sobre el país, o el imaginario que queda de nuestro país, sobre todo tras el paso del huracán María.

Nos engañamos para no confrontar la realidad dolorosa, explica.

Vivimos en un país de palabras vacías. Aferrado a mitologías y al plan del plan del plan.

Es simple. La realidad de Puerto Rico está basada en cosas que no existen. Desde luego, el ELA no existe ni es reconocido por absolutamente ningún país u organización del mundo. Lo que creíamos, no es cierto. Pero tampoco aceptamos el duelo ni el dolor que trae consigo precisamente esa aceptación.

Todos los puertorriqueños somos extranjeros, dice una de sus más recientes columnas. Extranjeros e invisibles, podríamos también añadir. 

Somos invisibles porque existe un enorme grado de invisibilización de nuestra identidad. Existo porque me reconocen, explica. Y si a la cañona pretenden hacernos creer que somos ciudadanos estadounidenses residentes en Puerto Rico, hemos perdido también nuestro gentilicio. La confusión de lo que es Puerto Rico ante el mundo se acrecienta.

Pensar es comprender la necesidad de celebrar foros como éste. Obligar a los medios que asuman su responsabilidad social. Procurar la unión.

Puerto Rico es un pueblo reacio a manifestarse. Lalo culpa de esto al terror infundido. Terror a la independencia y el miedo generalizado a los políticos. Se trata de una muy estratégica ingeniería social diseñada por el poder. La ciudadanía estadounidense es otra mitología: una estrategia de normalización para estabilizar la colonia.

A esto se le añade un alto, altísimo nivel de analfabetismo funcional. Significa que abundan personas que tal vez puedan leer un cartel o texto corto, pero son incapaces de analizar críticamente o de entender entre líneas.

A pesar de tratarse de uno de los países con mayor cantidad de universidades por milla cuadrada, Puerto Rico es un país inculto. La educación no equivale a la información y la técnica, sino al bienestar de vida. Los bienes culturales son pues, vehículos que agilizan y permiten la mejor toma de decisiones. El ataque para aniquilar o reducir el impacto de los sectores culturales en nuestra sociedad representa violencia cultural. Y para frenar este ataque, Lalo insiste en que toca leer, hablar entre generaciones y consumir cultura.

La cultura representa sin más un vehículo de cambio y fuente de financiación económica y espiritual para un país tan necesitado como el nuestro. Una posible solución a dicha invisibilidad.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Luis D. Paret, Sr. dice:

    Muy interesante y apropiado el tema de Lalo, pues nos ayuda a entenderlo mejor al conocer más de él. De paso, excelente la foto. Muchas gracias.

    Le gusta a 1 persona

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