Anotaciones: La escuela polaca de reportaje periodístico


Polonia es un país que disfruta y se enorgullece de una larga tradición creativa que se evidencia por medio de la Escuela de Cine polaco, la Escuela polaca de documentales y la Escuela polaca de reportaje periodístico, por nombrar algunas. Esta última ha sido representada por exponentes tan contemporáneos como los reconocidos periodistas Hanna Krall y Ryszard Kapuściński, ambos autores que han gozado de fama internacional y cuyos trabajos han sido traducidos en varios idiomas. Se trata de autores que disfrutaron de un éxito profesional, incluso cuando las leyes en cuanto a publicación de textos en su país natal estaban estrictamente regidas por la censura política. Krall y Kapuściński comparten otro rasgo. Ambos comenzaron su carrera como reporteros de prensa que se encargaban de cubrir temas domésticos en provincias polacas. Más tarde, sus crónicas se extendieron al ámbito internacional. Kapuściński, por su parte, aprovechó la primera oportunidad que le surgió para trasladarse a dos continentes lejanos de su natalidad: América del Sur y África. En una ocasión también se encargó de cubrir sucesos en la recién colapsada Unión Soviética. Krall, por otro lado, desarrolló su propio idioma y género de escritura desarrollando temas relacionados al judaísmo, el Holocausto y Polonia. Su obra maestra, Ganarle a Dios, es hoy en día una lectura obligatoria para muchos alumnos de la escuela secundaria. Sus historias documentadas establecieron un criterio literario que muchos de sus sucesores (Tochman, Szczygieł, Hugo Bader, Oslałowska) han tratado de emular. Muchos de estos autores, similar a sus mentores, Krall y Kapuściński, comenzaron escribiendo crónicas desde Polonia y luego también fueron cruzando fronteras hasta ser galardonados con reconocimientos en varios países. En el caso de Wojciech Jagielski, por ejemplo, quien lleva varios años cubriendo conflictos bélicos como corresponsal de guerra, se ha especializado en países como África, Chechenia y Afganistán. Su obra documental, Nocturnal Wanderers, que recoge una serie de reportajes sobre Uganda y los niños de la guerra, se ha convertido en un bestseller y su potencial ha sido comparado con El emperador de Kapuściński.

Otro autor popular que se le asocia con la escuela polaca de reportaje es Mariusz Szczygiel, quien durante años fungió como presentador de programas de televisión, hasta que decidió regresar al mundo del reportaje. Se trasladó a la vecina República Checa y al cabo de un tiempo regresó con su novela maestra: Gottland.
Muchos de los exponentes de dicha Escuela han ejercido como periodistas del principal diario de Polonia, la Gazeta Wyborcza, dirigida en la actualidad por Adam Michnik. Merece la pena señalar que Polonia es un país que desafortunadamente carece de un semanario cultural, un factor que pudo haber influenciado a los editores de este diario a enviar a sus reporteros principiantes al extranjero para cubrir temas relacionados a estos intereses.

Paweł Smoleński, experto en temas relacionados a Ucrania, Irak e Israel, es uno de los periodistas que comenzó su carrera en la Gazeta Wyborcza.
A pesar de que este tipo de reportaje ha sido desarrollado, en su mayoría, por hombres, Małgorzata Szejnert, otra periodista, es una de las pocas representantes femeninas. Uno de sus libros de más renombre recoge las historias de inmigrantes recién llegados a Ellis Island, en Nueva York. La periodista Olga Stanisławska, por su parte, decidió convertir a África en el escenario de sus crónicas, Jacek Hugo-Bader atravesó toda Rusia en Jeep y Tochman reflejó la guerra en la antigua Yugoslavia. El espíritu viajero de estos periodistas polacos tampoco se limitó a estas destinaciones. Mateusz Marczewski residió un año en Australia y describió sus esfuerzos por comprender el fenómeno de rechazo y el lento exterminio de los aborígenas de este país.

Desde luego, algunos exponentes de este movimiento han decidido enfocarse en temas domésticos de la propia Polonia en lugar de ir en busca de historias en el extranjero. La obra cumbre de Oslałowska recoge historias sobre la población roma en su país natal, mientras que Tochman narró crónicas polacas sobre tabúes culturales y religiosos en The Rabid Dog. Otras figuras de la escuela, desde luego, no han sido asociadas profesionalmente con el género del reportaje periodístico. Andrzej Stasiuk, por ejemplo, decidió dedicarse un año completo a pasearse por Europa central (Rumanía, Hungría y Albania) y el fruto de dicha expedición fue Galician Tales, una amalgama entre la novel documentada, crónicas de viaje y un tratado metafísico sobre el espacio.

A pesar de sus diferencias, una característica que comparten todas las obras mencionadas anteriormente, es su retórica: ahorrativa, poderosa, cuidadosamente pensada y medida, aunque también colorida y densa. Su composición literaria y estructura también es similar. Todos estos autores han sobrepasado las expectativas y criterios puramente periodísticos de la prensa. Su mirada gira en torno a la literatura y su tendencia es separarse de lo efímero para lograr sus objetivos literarios. Posiblemente por ser descendientes de Krall y Kapuściński, al leer las obras de estos autores, queda evidente un grado de similitud en estilo. La manera en que reflejan el mundo proviene de una capacidad meticulosa de observación, un esfuerzo por alcanzar una perspectiva lingüística y geográficamente diferente. Otro rasgo que comparte esta escritura es el escenario en común. Sin importar la localización precisa del autor, todos comparten un trasfondo cultural: la experiencia polaca. En cada crónica se evidencia la disciplina del diálogo, la representación de personajes y la dramaturgia de las escenas que caracterizan la escuela polaca de reportaje periodístico, cuyos exponentes abarcan muchos otros autores de los que se han mencionado en este epígrafe.

A partir de 1990, se hizo posible mantener un cierto ethos del mundo que se caracterizaba por un alto criterio lingüístico para describir héroes y una sensibilidad social. Estos y otros elementos se reflejan en las obras de los autores de no-ficción de esta escuela. Esta generación de escritores ha sido capaz de producir su propio lenguaje y su propia mirada del mundo reconocible más allá de las fronteras polacas. Dicho éxito literario y las subsiguientes traducciones que se han publicado demuestra que el reportaje polaco continúa disfrutando de un renacimiento.

El reportaje periodístico como corriente independiente se fundó en el siglo XX, aunque fue considerado como un género híbrido y especialmente atractivo en la literatura polaca durante el periodo de entreguerras. Amalgamaba memorias, narraciones y crónicas populares del siglo XIX, así propiciando combinar el registro documental de la realidad con técnicas literarias novelísticas. Algunas características y tendencias de esta corriente son: la concentración en los destinos de personajes auténticos y la tendencia a la generalización, el desarrollo de temas trágicos de eventos sociales y políticas del siglo XX como las dictaduras, guerras y el holocausto. No cabe duda que el desarrollo de la escuela polaca del reportaje periodístico mantuvo una relación inmediata con los acontecimientos históricos que se produjeron durante la Segunda Guerra Mundial. No obstante, exponentes como K. Pruszyński y M. Wankowicz desarrollaron una prosa más ligada a la ficción que otros autores de esta corriente. Zofia Nałkowska, por ejemplo exploró el género de la literatura in facto, o de hechos, en su obra Medallones, donde recoge testimonios directos de los esclavos de la guerra nazi. Tadeusz Borowski fue otro autor quien desarrolla esta misma literatura documental fundada en testimonios, entrevistas y conversaciones con personajes reales que narran sus vivencias. De alguna manera u otra todos estos exponentes poseen un deseo no sólo por dar voz a personas que no son capaces de contar sus historias, sino también anhelan concienciar al público sobre las atrocidades que comete la humanidad y lograr un cambio.

Gustaw Herling-Grudzinski utilizó sus experiencias en los campos de trabajo soviéticos para plantear de nuevo preguntas sobre cuestiones éticas y religiosas fundamentales. Se trata de historias universales sobre temas humanos como el sufrimiento, la pasión, el odio y el amor, que pueden ser aplicadas a cualquier época o personaje. Estos sentimientos se expresan por medio de hechos históricos verídicos que son combinados con toques ficticios.
En su libro Ante un tribunal desconocido, Jan Józef Szczepanski recoge hechos auténticos -desde el sacrificio del padre Maksymilian Kolbe en Auschwitz hasta el crimen de la banda de Manson en la residencia californiana de Roman Polanski- para convertirlos en preguntas reflexivas sobre la ética humana. El holocausto, una temática se aparece en casi todos los textos de esta corriente, también se refleja en la obra de Hanna Krall (Llegar a tiempo ante Dios, Bailar en boda ajena, La subarrendada), pero sus libros no son únicamente una perpetuación de la memoria, sino también un intento por entender el mundo contemporáneo. Un papel similar es el que cumplen los países exóticos en las obras de Ryszard Kapuściński (El emperador, Szachinszach, El imperio), quien a pesar de encontrarse en Zimbabue o Santiago de Chile, narra historias que son también extrapolables a la Polonia soviética.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. hola. y hay algun lugar en la web donde podamos acceder para leer los trabajos de estos periodistas polacos pero en español? Soy de Lima-Perú. Gracias

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  2. Hola desde Polonia! Gracias x tomar de tu tiempo y leer el blog. Desafortunadamente, no existe (que sepa yo) ninguna página en la web donde se puedan leer a estos autores en español. Sin embargo, los libros de algunos (Jagielski, Szczygiel, Hanna Krall, entre otros) están traducidos y puedes conseguirlos en alguna librería. Seguro que están en Lima por alguna parte… Saludos!

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  3. hola sarah. soy raúl. raúl raúl. escríbeme por favor. ainagapicaporte@gmail.com

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