Vidas Únicas- Sylvia Avín, horticulturista


Compone escala, ritmo y balance en la naturaleza. Enlaza su conocimiento sobre horticultura y su apreciación artística para desarrollar paisajes de acuerdo a las necesidades de una comunidad. “El contacto con los árboles propina paz y hace que te olvides de todo”, dice con una pequeña sonrisa entre dientes.
Sylvia Avín, una asturiana que llegó a la Isla hace treinta años es paisajista de profesión y bonsaísta en su tiempo libre. Desde pequeña siempre disfrutó pasando horas en contacto con la naturaleza. Los recuerdos más vivos de su niñez son aquellos subiéndose a los árboles con pantalones rotos y enfangados y ayudando a su hermana mayor a cultivar dalias y geranios en un jardín que tenían en la finca de su casa. Además de las plantas, los animales también le apasionaban, sin embargo optó por cursar una carrera en contabilidad, impulsada por su padre, quien era banquero.

A la corta edad de 23 años conoció a su futuro esposo, un cubano que se había exiliado en España a los 15 años. La pareja formalizó su unión poco después en la Gruta de Covadonga, un santuario católico en medio de la naturaleza asturiana. En 1979 visitaron Puerto Rico durante unas vacaciones, después de vivir en Miami por un tiempo. Quizá por el verdor de la Isla y por abundar en ella tantas especies de ficus y palmeras, quizá por la hospitalidad de los locales- Sylvia y su esposo no dudaron en que habían encontrado en este rincón del mapa, un nuevo hogar.

Impulsada por su interés por conocer todas estas nuevas especies de plantas exóticas, Avín optó por formalizar sus conocimientos sobre el paisajismo en la Universidad del Sagrado Corazón, donde cursó estudios en jardinería y diseño. Un día paseándose por Plaza las Américas divisó desde lejos una exhibición de árboles en miniatura organizada por el Club Bonsái de la Isla, una organización sin fines de lucro que reúne a aproximadamente 200 admiradores de esta práctica de origen japonés. Por medio de sus lecturas sobre horticultura, Sylvia conoció el arte de cultivar árboles en miniatura, y cómo reducir el tamaño de estas plantas mediante técnicas meticulosas y un cuidado especial que toma alrededor de cinco años para moldear la forma del tronco y hacer que ramifique más fácilmente.

Dispuesta a conocer más, decidió unirse al grupo y al esfuerzo de difundir esta práctica, ya que para ese momento los bonsáis no eran muy conocidos en la Isla. “Cuando comenzamos con el Club tuvimos que educar mucho a la gente ya que casi no existía información acerca de la miniaturización de árboles tropicales y Puerto Rico cuenta con al menos sesenta especies de árboles que pueden ser cultivados como bonsáis”, afirmó Avín.

En la actualidad Sylvia ocupa el puesto de Presidenta del Club y junto a otros compañeros de la entidad ha organizado talleres educativos en penitenciarías, escuelas y otras instituciones. Una de las experiencias más gratas que recuerda fueron unas clases sobre la técnica básica de este arte japonés, que impartió con niños impedidos en la Sociedad de Educación y Rehabilitación de Puerto Rico (SER). Isaac, un niño de 13 años, quien a pesar de encontrarse en una silla de ruedas y padecer de un limitado movimiento en sus extremidades, logró aprender a cuidar y preparar un bonito bonsái que luego exhibió en la exposición anual del Club. “Tenía una fuerza de voluntad y un admirable deseo de aprender que llamaba la atención”, expresó Avín.

En 2003 junto a sus compañeros del Club viajó a Japón para presenciar el Kokufu-ten, la exhibición más grande de bonsáis del país. En adición visitó varios jardines zen, o contemplativos, decorados con piedra gravilla y siguiendo un modelo minimalista y bonkei, o paisajes creados con plantas secas. Con la misma intención de ampliar su inspiración paisajista Sylvia también ha viajado a China, Taiwán y Hawái, entre otros países.

Igual que para muchas otras personas, esta amante de la naturaleza encuentra en el paisajismo y el arte de crear bonsáis, una terapia de paz y satisfacción. En su hogar posee cerca de ochenta especies de estos pequeños y exóticos árboles. Hasta hace poco cuidaba de un flamboyán en miniatura de 18 años que ganó el primer premio en la exhibición anual del Club de Bonsái. ¿Cuál es el secreto detrás del cultivo y la preparación de estos arbolitos? Según Avín, la clave está en una rigurosa fusión de disciplina y cuidado. Algunas de las técnicas que ha aprendido bajo la instrucción del Sr. Adán Montalvo, fundador del Club, han sido recogidas en un libro de fotografía y cuidado de bonsáis titulado “Bonsái en Puerto Rico”. Sylvia ha ayudado a coordinar y editar esta obra que será publicada prontamente y espera que obtenga reconocimiento en la Isla. Otra de sus metas a corto plazo es poder continuar desarrollando proyectos de diseño paisajista como el que actualmente lleva a cabo en la urbanización Los Paseos, en Guaynabo, en el que fusiona sus influencias europeas, orientales y caribeñas.

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