Las facetas de Ryszard Kapuściński: viajero, escritor, periodista y polaco


La figura de Ryszard Kapuściński reúne una serie de singularidades que lo convierten en uno de los periodistas más importantes del siglo XX. Su caso es especial for varias razones. Una de ellas es porque su nacionalidad polaca es perpleja puesto que las fronteras de su hogar se trastocaron por la guerra. La política interna de su país ha sido agitada desde siempre. Cobra importancia señalar que no fue hasta hace veinte años que se impulsó la democracia en este país y como periodista de una agencia de prensa nacional, la información era sometida a unos controles de censura drásticos. Durante su primer viajo al extranjero y los que le seguirán, Kapuściński es enviado como corresponsal de la PAP en condiciones precarias. Sin embargo prefiere cruzar fronteras, recorrer campos de batalla y violencia desatada y ganar un mísero salario que continuar encarnando el ambiente de la guerra fría y la censura que trastocaba en Polonia.

Quienes lo conocieron recuerdan a Kapuściński como un hombre sensato, serio. No le interesaba seguir el rebaño de periodistas, trabajaba por su cuenta. Según el periodista Vicente Romero, quien conoció al polaco mientras ambos ejercían como corresponsales en Angola durante la guerra de independencia la figura de Kapuściński siempre le resultó singular.

Desconfiábamos de él por ser polaco, pensábamos que era más que periodista, (tal vez) un espía. Nos extrañaba su forma de actuar. No era el típico periodista que buscaba hechos. Se movía por la ciudad y buscaba hablar y moverse en ambientes reveladores .

La nacionalidad de Kapuściński le sirvió en muchas ocasiones como navaja de doble filo. De niño el pequeño Ryszard ve como la historia pasa a su alrededor y para formar parte de ella tiene que viajar y dejar atrás su patria que ha desaparecido tras la guerra. Obsesionado con la idea de cruzar fronteras, el viaje se va convirtiendo en adicción para Kapuściński. Según Francisco Sevilla, Corresponsal de RNE en América Latina, Kapuściński, “vive la HISTORIA de los libros de texto y la historia con censura que no aparece en los textos y es ésta la que quiere contar” .
A veces gracias a su salvaconducto se le hacía más fácil entablar contactos con figuras políticas del Tercer Mundo que mantenían buenas relaciones con Europa del Este. Sin embargo, en otras ocasiones levantaba sospecha sobre su verdadero motivo de estar cubriendo conflictos y su modus operandi de llevar a cabo el trabajo que ejercía. Después de su muerte e incluso en alguna ocasión antes se le acusa al periodista de hacer servido como informante de los servicios secretos polacos. Aunque el periodista siempre lo negó, aún existen otras versiones en cuanto a esta relación que mantenía con la Inteligentsia.

La actividad que lleva a cabo Kapuściński es muy variada. Cubre un espectro amplio que podría dividirse en tres facetas principales que aunque pretendemos dividirlas para efectos de esta investigación, es difícil hablar de una sin reconocer la relación con las otras. Primero se encuentra el Kapuściński viajero; segundo, el escritor; y tercero, el periodista. Es precisamente el trabajo frio como periodista de agencia que lleva a Kapuściński a ir en busca de temas reveladores que recoge en sus crónicas y luego en su faceta como escritor de libros.

Es en la faceta de viajero que comienza todo. La manera en que va buscando elementos interesantes, símbolos universales y realidades extrapolares para dar a conocer la situación del Tercer Mundo es a través de sus viajes. Kapuściński escapa de la censura que arropa a su país y demostró que a pesar de dichas condiciones era posible hacer buen periodismo hasta sin libertad. Además de la exploración la faceta del Kapuściński viajero se destaca por su constante defensa de los derechos humanos y los valores éticos y de tolerancia hacia el Otro. Una de sus enseñanzas más valiosas consiste precisamente en su respecto hacia esas fuentes de trabajo que se quedan y se ven afectadas por las palabras que el periodista, quien terminará yéndose, escribe.
Es el anti-mito, el anti-héroe que sostiene el punto de vista de los desvalidos y prefiere vivir en cabañas con la gente local que en hoteles de cinco estrellas.

En su dimensión como viajero, también podemos incluir la de fotógrafo, ya que además de cargar con su pluma, lleva también su cámara para retratar con palabras e imágenes la realidad del Tercer Mundo que vive y observa. Como ensayista y analista Kapuściński expone los ojos de personas que saben sobrellevar sus circunstancias a pesar de la pobreza. Contextualiza el ambiente humano y enseñó no solo a Polonia, sino también a muchas personas de otras partes del mundo que existe otro mundo distante, doliente y necesitado de apoyo. Según Pedro González, Ex Director de EuroNews, quien conoció a Kapuściński en una ocasión, “Me dejó fascinado por la claridad de sus juicios y su gran cultura práctica de sus experiencias. Son juicios que componen un fresco histórico del Tercer Mundo” .

La faceta del Kapuściński viajero permite el paso a su dimensión como periodista. A medida que va viajando, nos va configurando los perímetros de la ética y el compromiso periodístico. En primer lugar el pacto con el público que nos lee; en segundo lugar, con la honestidad de la narración que debe mantener sobre todo valores que defiendan los derechos humanos, el diálogo y situarse desde la perspectiva del Otro; finalmente, el pacto con las víctimas y no mostrarse incomprensivo ante el sufrimiento humano. Kapuściński sostenía que el oficio periodístico no es para cínicos.

De la misma manera en que Kapuściński nos dejó un práctico legado sobre el compromiso que debe mantener el periodista, también hace mención de las batallas que enfrenta el oficio. Durante sus primeros viajes al extranjero confronta su primer obstáculo: el lenguaje. Las barreras lingüísticas marcan territorios mediáticos y el periodista entiende que se deben superar estas fronteras para lograr crear una sociedad moderna de conocimiento. No sólo es importante que el periodista posea un conocimiento cultural y lingüístico del terreno donde se trabaja, sino también es importante saber qué palabras utilizar, en qué contexto aplicarlas y evitar los eufemismos que suelen trasversar la realidad. Los últimos trabajos periodísticos del autor tratan el tema de la globalización y la evolución del oficio.

Otra batalla que enfrenta el periodismo es la manipulación de la información no sólo por medio de las palabras que se eligen en las noticias, sino también de las imágenes. Kapuściński en su dimensión de periodista recalcaba que muchas veces los grandes medios configuran una realidad del Tercer Mundo que no tiene que ver con lo que el observaba en el terreno. Estas imágenes son perfectamente estudiadas y medidas y se sitúan dentro de la agenda de estas grandes corporaciones mediáticas. La tercera barrera que encontramos en el periodismo actual es la del conocimiento. Kapuściński ofrece a su lector antecedentes de cultura, de historia y de conocimiento geopolítico antes de narrar un acontecimiento. Poseía este conocimiento antes de llegar al terreno y pone énfasis en las causas de los eventos. El periodista de hoy, o trabajador de medios, ha dejado de comprender porque ocurren las cosas para centrarse en la inmediatez de la información. Uno de los legados más significativos de Kapuściński es la razón detrás de los sucesos y la mirada desde diferentes ópticas.

Una de las pocas guerras que el periodista no aceptó cubrir como corresponsal fue la de Iraq. Según Pedro González, la razón se debe a que ese terreno constituía un mundo nuevo para Kapuściński y “esa cobertura depende solo de boletines del Estado mayor. Creía que esas guerras pierden rasgos distintivos porque no hay una visión de conjunto ni un campo de guerra definido. Kapuściński no se reconoce en nuevas estrategias de cubrir guerras” . Una de dichas estrategias es la corresponsalía tecnológica que no prescinde estar sobre el terreno. Kapuściński sostenía que las nuevas tecnologías facilitan el trabajo periodístico, pero no ocupan su lugar. Esta reflexión nos permite acercarnos y hacer uso de las herramientas que ofrece la era digital sin olvidar aquellas que delinea lo sustantivo y artesanal del oficio. Es necesario estar sobre el terreno para contar y narrar lo que sucede. No obstante sí reconoce que el planeta está cada vez más conectado y es necesario adaptar nuestro modo de pensar e imaginario ante la globalización.

Kapuściński es testigo directo de la historia que va desenvolviéndose delante de él. El oficio periodístico ocupa gran parte de su vida. Para cumplir con las presiones de la PAP y del oficio Kapuściński es muy exigente con sí mismo. Debe investigar y ubicarse en tantos países y revoluciones a la vez. Narra una realidad que experimenta un constante cambio y dinamismo. Por esta razón define el oficio como uno en cambio constante y continuo en el que es necesario continuar formándose para ver, conocer e interpretar la realidad que nutre la opinión pública. El periodista es el historiador de la actualidad para Kapuściński. Sin embargo en sus últimas obras vemos cómo le preocupa sobremanera la evolución del oficio, la mercantilización de los medios y el hecho que ya no sea imprescindible ser periodista para dirigir estas grandes empresas. Otro efecto de esta transformación es la pobre dieta mediática ya que el mercado ha causado que se trastoque el oficio y lo convierta en mero espectáculo. Kapuściński hace un llamado al Estado para que intervenga para rescatar el rol de los medios como foro de la libertad de expresión y el componente democrático principal de cada nación.

Esta reflexión implica un cambio que comienza desde la propia agenda periodística y es posiblemente por esta razón que Kapuściński entiende que el verdadero (o buen) periodismo es intencional. Uno en el que se fija un objetivo y se intenta provocar un cambio positivo. En esta noción radica su importancia en subrayar que se debe ser buena persona ante todo, ya que las malas personas son incapaces de ser buenos periodistas. Según Kapuściński el cinismo nos aleja de nuestro oficio, ya que refuerza un periodismo construido con medias verdades. Pilares del oficio, tales como valores éticos, creatividad y espontaneidad serían capaces de rescatar el oficio artesanal periodístico que llevó a cabo Kapuściński. Sin embargo, considera que no solo son impermisibles los cínicos, sino también los héroes en este oficio donde la cifra de periodistas asesinados es cada vez más alta.

El escenario de la globalización subraya la importancia que el periodista sea actor social y no contrincante. Aproximarse a otras realidades es uno de los componentes intrínsecos de la cultura de paz, el conocimiento de la diversidad y el acercamiento hacia el Otro que plantea Kapuściński en su llamado periodismo intencional.

Su segunda faceta como periodista sobre el terreno abre paso a su dimensión como escritor. En esta vemos a un Kapuściński que regresa del Tercer Mundo y se encierra en una habitación durante semanas, trabajando arduamente hasta lograr unos textos de gran calidad literaria. Cada libro que produce es diferente al anterior. Sin embargo, todos están perfectamente pensados, estructurados y analizados. Asimismo, por sus características de literatura collage- en la que combina fragmentos o técnicas novelísticas, periodísticas y de otros géneros como la crónica de viajes y la historia- son difícilmente clasificables en un género. La búsqueda de la palabra certera, ideal es la tarea principal del método narrativo del Kapuściński escritor. Se trata de una prosa musical que tiene ritmo y en la que se le ha concedido gran importancia a la lengua. Según su traductora al castellano, Ágata Orzeszek, ” Donde más se ve esta búsqueda de llaves lingüísticas es en El emperador, donde rescata un lenguaje arcaizante para describir la arcaica naturaleza del autoritarismo. Aquí me tuve que empapar de la musicalidad de Kapuściński y me di cuenta que lo que dice era lo de menos, lo importante era cómo lo decía” .

A pesar de su fama periodística en España y otras partes de Europa Occidental, el Kapuściński polaco es conocido principalmente como escritor. Según Tomás Alcoverro, Corresponsal de La Vanguardia en Oriente Medio, “su proyecto vital era de ser escritor. Lo primero que hizo fue escribir poesía y también lo último. Sus libros no tienen nada que ver con el periodismo” . Para muchas personas esta declaración es un poco exagerada y poco certera, dado que las enseñanzas y el entendimiento que dejó Kapuściński sobre el periodismo fueron numerosas. Su obra podría dividirse en dos grandes ramificaciones: el Kapuściński escrito y el Kapuściński hablado. Por una parte se encuentran los textos que combinan el periodismo y la literatura y en segundo lugar, sus enseñanzas que fueron grabadas por otras personas, en conferencias.

De igual manera que no tiene mucho sentido ubicar las obras de Kapuściński en un solo género, también tiene mucho sentido ubicar al autor en una solo profesión. Fue periodista y fue escritor también. Una cosa lo llevó a descubrir la otra y ambas guardan importancia por igual. El periodismo fue el oficio al que dedicó la mayor parte de su vida como corresponsal, aunque la escritura la ejercía con igual cantidad de mesura y pasión. Lo que sí merece la pena señalar es que la figura y la obra kapuścińskiana ha sido mitificada por muchos. Kapuściński era un maestro del detalle, tremendamente observador y buscaba obtener un detalle que diera comienza y elevara sus piezas literarias a alcanzar un mensaje universal extrapolable. Buscaba metáforas de la realidad y su metodología de trabajo consistía en utilizar la memoria como única herramienta.

En la faceta de escritor la obra del periodista puede ser divida en dos principales ramificaciones: Kapuściński escrito y Kapuściński hablado. Según Ágata Orzeszek, también es posible observar “una tendencia trilogística clara” . Por una parte se sitúa la obra del Kapuściński escrito, cuyos textos todos comparten una estructura perfectamente pensada y una inquietud literaria. Algunas de estas obras tienden a ser de carácter más periodístico, como lo son por ejemplo, su primer libro, La jungla polaca y el segundo, Cristo con un fusil al hombro. La segunda parte de la trilogía, de acuerdo a su traductora al castellano, la componen los Grandes panoramas: obras que recogen textos escritos durante diferentes momentos que reflejan la realidad del Tercer Mundo. Entre ellas podemos encontrar: El imperio, Ébano y el tercero lo conformaría una obra sobre el panorama de América Latina que nunca llegó a terminar. La tercera fracción de esta trilogía son las obras dedicadas a la parábola de la caída del poder despótico: El emperador y El Sha. Por último, encontramos su obra más difícil de clasificar: La guerra del fútbol y otros reportajes. Según Orzeszek, “Aquí se presenta el Kapuściński filósofo y su profundidad de reflexión. La cursiva, su introspección, voz y reflexión omnipresente, es la columna vertebral del libro” .

La obra del Kapuściński hablado es muy diferente a la anterior, ya que recoge los pensamientos, las reflexiones y enseñanzas del autor sobre varios temas. Por una parte se sitúa El mundo de hoy, una obra trabajada por Orzeszek en la que el lenguaje se caracteriza por su matización. En segundo y tercer lugar encontramos dos textos que recogen las enseñanzas sobre el oficio periodístico y otras reflexiones que fueron expresadas por Kapuściński durante charlas, conferencias y seminarios. Se trata de Los cínicos no sirven para este oficio y Los cinco sentidos del periodista. De acuerdo a Orzeszek, existe además una trilogía no-nata, que la muerte del autor impidió que fueran conclusas. Viajes con Heródoto es la única obra conclusa que pertenece a esta trilogía no-nata, en la que encontramos las primeras experiencias de Kapuściński como periodista en el extranjero. La segunda obra que tenía pensado publicar recogía sus experiencias en su segunda etapa como reportero. Dicho texto se centraría en una de las figuras que más le inspiraba sobre el terreno: Bronislaw Malinowski. En tercer lugar, el autor pensó publicar una obra titulada Héroe colectivo, sobre la existencia y el desempeño de los corresponsales anónimos de agencia de prensa que a pesar de jugarse la vida consiguiendo noticias, pocas veces son reconocidos por su trabajo. Según Orzeszek, Kapuściński tenía anotaciones sobre esta obra y hasta habló sobre el tema, que tanto le preocupaba, antes de su muerte en una cena, en la cual ella también asistió. Su intención principal era “distinguir entre el periodista gráfico, que consideraba más vulnerable por la cámara y toda la parafernalia que lo delata, y el escrito, más discreto ya que se lleva un bloc de notas y ya está” .

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