Peludos que sanan


“Todo lo que sé, lo aprendí de los perros”- Nora Roberts

Dicen que el mejor amigo del hombre tiene cuatro patas, ladra y es peludo. No cabe duda de que desde el momento en que el hombre y la mujer se cruzaron con estas criaturas de cuatro patas, se estableció un fuerte nexo simbiótico.

Aparte de la fidelidad, el cariño incondicional y la diversión que se comparte con los perros, una de las lecciones más valiosas que pueden aportarnos es el poder del presente, el ahora.

Los perritos son unos gurús con relación al mindfulness,es decir, la conciencia absoluta de estar enfocado en el ahora y no dejarse arruinar por las nociones artificiales y dañinas de lo que fue (pasado) y la salvación de lo que será (futuro). Esos peluditos que sanan viven enfocados en el placer del momento presente y ese chip les permite encontrar un nivel de alumbramiento envidiable y digno de reproducir.

“Los perros sí hablan, pero solo a aquellos que saben escucharle”- Orhan Pamuk

                                                                                                                                                           

Hace poco más de siete meses nos conocimos. Hacía 90 días que había azotado el huracán María a Puerto Rico y la mayoría de las casas, aún carecían de luz. En las tinieblas de la noche, él buscaba protección de un enemigo: un perro negro, tres veces su tamaño que seguía sus pasos y no lo dejaba en paz.

Intentó engañarlo perdiéndose en la esquina de un banquito de madera frente al mar, donde nos habíamos sentado. Allí, se refugió entre las piernas de Manuel. Al principio pensamos que era niña porque la insistencia del perro negro era tal que no lo dejaba fuera de su vista (ni mucho menos de su olfato) ni por un segundo.

Era pequeñito, estaba desnutrido y las garrapatas habían identificado en su cuerpo un hogar. Chupaban su sangre y se le enterraban subterráneamente en el cutis. Pasarle la mano equivalía a darle una caricia a esas millones de lapas que habían invadido su cuerpecito descaradamente y sin remordimiento. Especies de mil y un tipo, tamaño y color transitaban por sus párpados, su cabecita, sus orejas, su boca, cuello, torso, patas y cola. Y sin embargo, con todo el dolor que pudo haber experimentado en el tiempo que estuvo en la calle, nunca se quejó. Ni murmuró, ni lloró. Se mantuvo siempre en silencio, soportando aquella agonía. Una agonía que terminaría esa misma noche y se transformaría en la energía y complicidad más bonita de todas.

-“Llévatelo, Sarah”, me decían mis amigos con ojos tristes y labios fruncidos.

Cuando miré hacia el suelo, vi una carita cubierta de pulgas y pelos alocados que pedían a gritos un grooming. Apenas se le veían los ojitos, perdidos también entre lagañas y sucio de la calle. Una pequeña colita se meneaba solo con la idea de tener un hogar nuevo.

-“Mira qué lindo es, ¡llévatelo!”

-“Lléeeevatelo, dale”, insistían.

Titubié con la idea durante algunos minutos. Había tenido perros en el pasado, pero por alguna razón u otra, la historia siempre había terminado mal y en casa del jardinero, la prima lejana u otro hogar de cuido. Y si tengo que salir del país, ¿dónde lo dejaría? ¿Y si mañana me arrepiento? ¿Y si…?

Sin más, me levanté del banquito y comencé a caminar en dirección al carro. Me di cuenta que todas aquellas dudas que opacaron mi mente se trataban de miedos tontos, infundidos y que si no sacábamos a ese cachorro de allí, se moriría.

Agarré del asiento trasero una toalla con la que me había secado todo el día en la playa. Con un gesto asentí a los amigos que intentaban convencerme, envolví al animalito en la tela semi húmeda y me subí al carro en dirección a la clínica veterinaria. Poco sabía que mi vida había cambiado en ese momento para siempre.

-“¿Nombre?”

-“Bruno.”

-“¿Edad?.”

-“No sabemos. Lo acabamos de rescatar ahora de la playa.”

-“Ok, le atenderemos en breve, tomen asiento”, contestó la recepcionista.

Bajo la brillante y cegadora luz de la clínica, las pulgas y garrapatas de Bruno daban más miedo que asco. Transitaban por sus cejas, cráneo y pelaje como si de la carretera número dos se tratara. Habían invadido por completo su cuerpecito, pero sin ellas saberlo, ya su estadía estaba llegando al final.

El veterinario determinó por su dentadura, que Bruno tendría aproximadamente siete años (idea que aún me mantiene en duda dado su dinamismo y energía), pesaba diez libras y padecía de un caso severo de pulguitis como consecuencia de haber estado tanto tiempo deambulando en la calle. Le recetó unas pastillas y nos dio de alta, asegurando que pronto se recuperaría del todo.

Aquella noche fuimos a comprarle la medicina, comida, champú, spray de pulgas y el kit básico para mascotas. Manuel, muy valientemente, lo bañó sin guantes. Luego lo acosté en una sillita de playa en el balcón, siempre arropado con la misma toalla. Allí permaneció durante largas horas, inmóvil.

Aquella noche apenas dormí. Me levanté mil veces con una sensación de culpabilidad, temor, ansiedad y preocupación. ¿Sobreviviría? ¿Habría sido la mejor decisión? ¿Se mejoraría? Cada hora sacaba la escoba para barrer los animales muertos que expulsaba de su cuerpo. Así transcurrieron las horas hasta que amaneció.

Al cabo de tres días Bruno se levantó de aquella sillita. Su debilitado estado le impedía tomar más de algunos pasos sin tambalearse, aunque ya las garrapatas habían abandonado su cuerpecito. Una capa nueva de cascaritas cubría su piel como recuerdo de un pasado que ya no volvería a atormentarle.

Hoy Bruno es otro perro: feliz como una lombriz, gordito y territorial como él solo. Le encanta sacar la cabecita por la ventana cuando pasea en el carro, bañarse en el río, correr por la playa y acurrucarse en el sofá para que le soben la barriga. A veces pienso en la posibilidad de que los perros tengan memoria y en las cosas que Bruno pueda recordar de su pasado. Un pasado que nunca conoceré y del que siempre tendré curiosidad.

Mucho se ha hablado sobre la terapia canina y la asistencia emocional que proveen las mascotas. Utilizar los animales para finalidades terapéuticas es una tendencia que va en aumento y los estudios científicos que apoyan sus beneficios emocionales, físicos y mentales para las personas, también.

Aquellas personas que tienen perrihij@s comprenden la alegría que siente un cachorro al verte regresar de un largo día de trabajo. Son cómplices del amor incondicional que ofrecen estas criaturas, su vivaz intuición, su capacidad de hacernos entender la magia del presente y que no existe ningún otro momento más poderoso que ahora. Para las mascotas no existe tiempo aparte de éste y eso nos ayuda a comprender las ventajas de vivir al máximo y disfrutar de las pequeñeces de la vida sin cegarnos por el futuro o el pasado, como solemos hacer.

Los animales nos recuerdan la importancia de salir a caminar a diario, no solo para el disfrute de la actividad física, sino sobre todo por los beneficios espirituales de mover el esqueleto. Los perritos nos ayudan a aliviar la ansiedad, la preocupación y el estrés cotidiano. Nos permiten aceptar las cosas como son y soltar el apego. Y cuando son rescatados, la conexión, la empatía y el entendimiento mutuo es aún mayor.

Bruno es y continúa siendo, sin duda alguna, mi salvación. De muchas maneras me ha ayudado a liberarme de las condiciones externas y aflicciones que me alejaban de la tranquilidad y paz mental interna. A diario aprendo de él e imito sus enseñanzas sobre la importancia y el poder del ahora. Intento ser también como él: simple, feliz y agradecido siempre. Tal vez (espero yo) que él piense lo mismo de mí y que también sienta esa alegría tan grande por haber llegado a mi vida.

Al final del día, la realidad es que nos rescatamos el uno al otro. Y de eso no cabe duda.

Anuncios

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Luis D. Paret, Sr. dice:

    Jau, jau! Aprobado, grrr!
    Lindo escrito, fotos de concurso. Arriba Bruni!
    Otro Animal Lover.

    Le gusta a 1 persona

  2. Trini dice:

    Me gustó mucho tu forma de expresar tu experiencia con ese cachorro. .solo aquel que tiene un perrito puede entender esa entrega incondicional hacia su amo que más que amo es su compañero de vida de ahí en adelante.

    Me gusta

    1. gitana630 dice:

      ¡Gracias por leer y comentar!

      Me gusta

  3. FighterW dice:

    Nada en la vida sucede sin el poder maravilloso De Dios, quien puso está hermosa criatura en tu camino para sanar tus heridas junto con las de él, hermosa descripción de tu encuentro con el amor más sincero y verdadero que podemos encontrar… siento que su momento haya terminado pero siéntete feliz porque fueron muchos años de disfrute y enseñanza juntos… DTB!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s