Luchar por amor


En Casa Pueblo las luchas producen victorias porque se hacen con amor.

El color salmón de su fachada da una cálida bienvenida a quienes se asoman por la puerta principal. Visitantes de toda la isla y del exterior se pasean por el interior de la antigua casona de madera, mientras observan afiches, fotos, recortes de prensa y otras muestras de arte que decoran las paredes del centro cultural. Una tienda de artesanías vende el producto codiciado de la casa: Café Madre Isla, mientras que un salón de actividades y conferencias reúne a aficionados en el centro.

Hay casa llena en Casa Pueblo de Adjuntas y entre los invitados especiales se encuentran el congresista Luis Gutiérrez, fiel portavoz de los puertorriqueños en el Congreso de los Estados Unidos y en esfuerzos que han sido apoyados y liderados por esta organización.

La brisa de la montaña acompañada de alguna llovizna ligera permea por las ventanas de madera que dan hacia el exterior, donde se ubica un sistema de siembra hidropónica, un vivero de plantas, un mariposario y más impresionante aún, el primer Cine Solar de Puerto Rico, un proyecto único en la isla, inaugurado en abril de este año, por el director asociado de Casa Pueblo, Arturo Massol Deyá.

En el pueblo de Adjuntas, la autogestión comunitaria y la propuesta de Casa Pueblo representa una iniciativa a emular, realmente transformadora y de modelos y opciones de cambio, sobre todo en términos de energía sustentable y conservación del medioambiente puertorriqueño.

La idea fue liderada y puesta en marcha por los padres de Arturo: la maestra Tinti Deyá y su marido, Alexis Massol, ingeniero, quienes desde hace casi 40 años lideran esta iniciativa y en 2002, recibieron el Premio Internacional Goldman- uno de los reconocimientos más prestigiosos en el ámbito mundial- por su labor ambiental.

“Mis papás fundaron Casa Pueblo de Adjuntas en 1980 para luchar en defensa de los recursos naturales y en contra de la explotación minera por parte del gobierno y compañías multinacionales”, dice Arturo Massol, doctor en microbiología y profesor del RUM, quien ayer presentó su libro Historias de amor:relato de la victoria contra el gasoducto en tiempos de crisis energética (Ediciones Callejón, 2018), en cuyas páginas se narra la lucha fructuosa por frenar el proyecto millonario del gasoducto bajo la administración del ex gobernador, Luis Fortuño.

La historia de amor que cuenta Massol inicia en 2010 cuando el gobierno de Puerto Rico anunció el lanzamiento de un proyecto energético bajo un decreto de emergencia, ya que la infraestructura deteriorada de la AEE, combinada con una preocupante alza en la dependencia de petróleo- ubicaba al País en una extremadamente vulnerable situación.

La propuesta del gobierno de Luis Fortuño fue invertir cientos de millones de dólares para establecer un gasoducto encargado de transportar gas natural a lo largo de 148 kilómetros, recorriendo Peñuelas, Arecibo, Toa Baja y San Juan. El tubo subterráneo se enmascaró bajo la propaganda pública engañosa de Vía Verde, que aseguraba el gobierno, salvaría la crisis económica y energética del País.

La realidad era otra y en palabras de Massol, se trataba realmente de: “sustituir una dependencia fósil por otra: la del petróleo por la del gas natural.”

Amores que luchan provee al lector una cronología histórica y política narrada desde el pueblo, en términos de recursos de energía y la colectivización de esfuerzos comunitarios por detener el cabildeo del proyecto del gasoducto. Las alternativas propuestas por el colectivo Casa Pueblo proponen el uso de fuentes de energización alternas y naturales, sobre todo del sol y otros recursos endógenos.

Desde 1999, existe en el centro cultural un sistema solar operante, mientras que en 2017 se reconstruyó uno de emergencia y tras el paso del huracán María, los integrantes de Casa Pueblo también se encargaron de la repartición de lámparas y neveras solares a residentes de Adjuntas y otros municipios severamente afectados por la tormenta.

Asegura Massol que la crisis energética de la isla se agrava por la condición colonial de Puerto Rico y considerando que: “es un país en situación de dependencia para obtener todo lo fundamental- alimentos, desarrollo económico, educación y salud- el tema energético cobra gran importancia. Con necesidad absoluta de importar combustibles fósiles (98%), el País camina preso, desangrando miles de millones de dólares anualmente en el pago de petróleo, carbón y gas natural.”

La dependencia absoluta del petróleo añadido al modus operandi del gobierno de Puerto Rico, caracterizado por otorgar contratos millonarios que enriquecen a empresarios y endeudan al pueblo, solo complica el panorama.

Desde que se comenzó a rumorar el lanzamiento de la supuesta Vía Verde, un proyecto corrupto y de intereses millonarios políticos y comerciales, Casa Pueblo se puso manos a la obra. El trasfondo científico de Arturo Massol traducía terminologías complicadas en propuestas reales, mientras que la ayuda de otros voluntarios, junto con la pericia de sus padres en temas de organización y liderazgo comunitario, probaron ser la receta perfecta para obstaculizar de lleno la propuesta del gasoducto.

“Fue una lucha contra un monstruo”, asegura Faustina “Tinti” Deyá, al recordar el movimiento de resistencia comunitaria y la marcha de 30 mil personas que se llevó a cabo en contra de la propuesta de Fortuño.

Para los líderes de Casa Pueblo es posible implementar estrategias para promover soluciones que procuran la conservación del medioambiente y el desarrollo económico local.

Y así va narrando Arturo Massol su historia de lucha y de amor que, tras mucho esfuerzo, apoyo comunitario y también episodios de desobediencia civil que terminarían con el arresto de varios manifestantes incluyéndole, logró frenar al gobierno. De este modo concluye la historia de amor y de lucha, que solo refuerza la filosofía de gestión comunitaria de Casa Pueblo.

“En la autogestión, el pueblo rompe la dependencia de los políticos para atender desde sí mismos los asuntos que le afectan. Esta respuesta requiere reflexión, acción y participación con voz propia, buscando resolver los asuntos y asumiendo la responsabilidad de las propuestas (…) En Casa Pueblo, nuestra misión es defender la patria geográfica, rebasando las fronteras locales de lo geofísico.”

Amores que luchan es una lectura obligatoria para los y las puertorriqueños conscientes de que otro país en el que se respeta y conserva la naturaleza, en el que líderes comunitarios organizan y mueven montañas para lograr beneficios para el pueblo y en el que un país nuevo, progresista y en pro de la comunidad, es posible.  Amores que luchan es una actitud y una filosofía de vida que todos y todas las puertorriqueñas deben asumir.

Dice Alexis Massol, que la obra de su hijo es particularmente valiosa porque representa: “el científico que puso su conocimiento al servicio del pueblo. Eso es ser patriota”.

Gracias a la labor incansable de Arturo y el resto de líderes que forman Casa Pueblo y fueron capaces de despertar conciencia, los esfuerzos por detener este nefasto proyecto en deterioro del medioambiente y la salud de los residentes, fue abolido. Amores que luchan es una invitación abierta a luchar por lo que se ama: la patria. Y entender que la construcción de un mejor país para todos es posible.

Un pueblo sin estima es un pueblo arrodillado. Por el contrario, un pueblo valiente está cobijado por el orgullo y la convicción compartida de que los cambios son necesarios y pueden lograrse- Arturo Massol Deyá

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