Cómo el fenómeno Bad Bunny está redefiniendo la masculinidad


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El artista y cantante del género musical ´trap´ del momento se llama Benito Antonio Martínez Ocasio y es mejor conocido en Puerto Rico y en el mundo como ´Bad Bunny´. Al joven de 24 años, natural del pueblo de Vega Baja se le ha llamado el ´poster boy´ del trap latino, ya que ha ascendido al estrellato en menos de dos años, obteniendo el número uno en el Billboard con su éxito ´I like it like that´ junto a Cardi B, así como colaborando con un sinfín de artistas y músicos en el ámbito internacional, posicionándose de esta manera como un artista ´mainstream´ a pesar de ser portavoz de un género cuyas canciones no salen al aire en la radio ni pueden comercializarse de modo tradicional.

Su fanaticada está compuesta por un grupo heterogéneo en cuanto a edades, estratos socioeconómicos, e incluso sexualidades. Son ellos quienes reconocen a Bad Bunny desde la primera sílaba y comprenden que, a pesar de formar parte de un género musical históricamente asociado con la misoginia, el sexismo y la cosificación de la mujer como objeto sexual a la disposición del hombre, la realidad es que el fenómeno de Bad Bunny está rompiendo con ciertos estereotipos relacionados a la identidad de género y la construcción de la masculinidad.

En un género musical plagado de machismo, hace una década hubiera sido imposible hablar del principal exponente apareciendo en redes sociales y sobre el escenario con un estilo ´queer´ y tan fluido en términos de género: uñas pintadas de colores subidos, ropa estampada, gafas de mujer y estética natural y sin complejos (ni afeitado). A pesar de dominar gran parte de la cultura popular e incluso el discurso de la política nacional en las últimas semanas, el fenómeno de Bad Bunny no ha sido abordado desde una perspectiva académica, tomando en cuenta los principales marcos teóricos del estudio de género y la importancia de profundizar en su impacto en la redefinición de la masculinidad puertorriqueña en el siglo XXI.

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Medios, música y masculinidad

Todos los medios de comunicación reproducen y perpetúan imágenes e ideales en torno a la sexualidad y el género. En términos de la masculinidad, los medios y sobre todo la televisión, típicamente ejemplifica al hombre como agresivo, competente, poderoso, dominante, en control e involucrado en actividades que de alguna manera alimentan o dan sentido a su masculinidad. Dichas características refuerzan el ideal estereotipado de la masculinidad extrema: fuerza, virilidad, independiente, agresivo sexualmente, violento y en control absoluto de sus emociones, es decir, de ninguna manera, femenino. A pesar de que la noción de masculinidad está sometida a constantes cambios, no puede considerarse estática, sino todo lo contrario: es cambiante y depende y es moldeada por factores sociales, culturales e incluso, biológicos. Hablar de una sola identidad masculina hegemónica sería excluir e ignorar todas estas variantes, circunstancias y condiciones. Lo que sí podemos recalcar es que la masculinidad, similar a otras identidades, se construye en base a la otredad.

La música se considera uno de los vehículos que desde siempre ha jugado un papel crucial en términos de la construcción de la masculinidad y los ideales reforzados por una cultura patriarcal y capitalista. De acuerdo con la opinión de los profesores Hugo Viera y Carlos García de la Universidad Metropolitana de Puerto Rico (UMET) quienes en el 2016 participaron en un conversatorio sobre masculinidades.

 En Puerto Rico, por ejemplo, existen registros de canciones que fueron escritas hace más de 100 años y cuyas letras son reflejo de una idiosincrasia machista, que por un lado promueven la violencia física y sexual, la fragmentación del cuerpo femenino con énfasis en sus órganos sexuales y la cosificación de la figura femenina como objeto de placer (Peña, 2016).

La masculinidad en este contexto se construye basado en el control sexual que se ejerce sobre la mujer, un poder que es justificado por la violencia física y simbólica, es decir, la cosificación de lo femenino. Existe además una noción de aceptación generalizada, ya que la violencia sexual al ser cantada y popularizada tanto por los medios como por el público general se considera inofensiva.

Dada la actualidad del tema, existe escasa bibliografía e investigación dedicada a abordar las nociones de género y construcción de masculinidad en el ámbito de la música urbana y el trap. Sin embargo, el fenómeno se ha estudiado partiendo desde el género de reguetón, al que haremos referencia. Merece la pena señalar que a pesar de que se trata de géneros diversos, comparten ciertos imaginarios y discursos entre sí, ya que la música como expresión cultural confecciona y disemina formas de entender el mundo y entenderse a sí mismo partiendo de la otredad. Asimismo, la música apela a los sentimientos de la audiencia y de aquellas personas que se identifican con la lírica y el discurso y comparten algunas de las experiencias narradas. En términos de la identidad masculina, se construye socialmente a partir de un sistema patriarcal en el que se les asignan a los hombres una serie de características y mandatos sobre lo que se considera masculino o no socialmente. Para Umberto Eco existen una serie de símbolos no verbales como la música, la danza y los rituales asociados, que ponen en evidencia la construcción de género. A pesar de que el reguetón y el trap no provienen de la misma coyuntura histórica, sus discursos son compatibles en términos de estos tres signos previamente mencionados y la mayoría de sus cantantes y productores de discurso son hombres.

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Cómo el fenómeno Bad Bunny está redefiniendo la masculinidad

Benito Antonio Martínez Ocasio, mejor conocido como Bad Bunny, se ha tornado desde hace solo dos años en un fenómeno a nivel social, cultural, musical, mediático, e incluso político. Es sin duda alguna, el portavoz de un nuevo movimiento catalogado por éste y otros exponentes del género de música urbana, como la Nueva Religión. Uno de los rasgos más asombrosos de Bad Bunny ha sido su “meteórico ascenso al estrellato, (que) sin un disco en la calle, provocó una reunión de emergencia en la Academia Latina de la Grabación (Latin Grammy) para analizar si el suceso amerita que se instituya una nueva categoría en la música urbana” (Torres, 2018).

Con solo 24 años, Martínez Ocasio pasó de ser un estudiante que cursaba su carrera en el Departamento de Comunicación Tele-Radial en la Universidad de Puerto Rico en Arecibo y era empacadero de un supermercado a tiempo parcial, a ser la estrella del momento y el exponente principal del género trap, no solo en Puerto Rico, sino también en América Latina, Estados Unidos y Europa.  Aunque no terminó sus estudios universitarios, Bad Bunny siempre hace mención de la importancia de estudiar a la población joven que le sigue y también de su cuna humilde en el pueblo de Vega Baja. Dicha identificación sincera le ha favorecido y ganado una fanaticada que trasciende los estratos socioeconómicos, las edades, las ideologías e incluso las sexualidades. En entrevista con Mariela Fullana, periodista del periódico El Nuevo Día, Martínez Ocasio expresó que el mensaje que desea propagar es uno de felicidad, inclusión y en contra de la norma.

En los pasados meses Bad Bunny ha estado de gira por Estados Unidos, América Latina y Europa, mientras que en el año 2017 ya había sobrepasado los 4 mil millones de visitas en YouTube, realizado numerosas colaboraciones musicales con exponentes de su mismo género, de la salsa y del reguetón, así como figuras internacionales tales como: Marc Anthony, J Balvin, Ozuna, Arcángel, Becky G, Pharell Williams, Jennifer López, Nicki Minaj, Natti Natasha, Enrique Iglesias, Cardi B y un largo etcétera. Revistas de gran renombre como Rolling Stone han reseñado su ascenso al estrellato, así como populares programas de televisión nocturna como el de Jimmy Fallon le han acogido y permitido vocalizarse sobre temas más políticos relacionados al presidente Trump y el pobre manejo de emergencias del gobierno puertorriqueño tras el paso del huracán María por la isla.

Según Luis Rivera, director de Programación de Música Latina en Music Choice, “nunca vi a un artista desarrollarse tan rápido en el mercado latino. Cuando sale al escenario, nadie se sienta”. Los fanáticos de Bad Bunny reconocen su singular estilo y voz desde la primera sílaba. Podría también decirse lo mismo con relación a las tendencias de moda que ha popularizado y la construcción o redefinición de la masculinidad que refuerza por medio de su discurso y su estilo excéntrico y libre de prejuicios. Pensar que hace una década sería impensable que un exponente de música urbana pudiese acoger un estilo tan contrario al estandarte de la moda de reguetón.

Hoy día vemos al líder de un movimiento auto definido como ´la nueva religión´ que se pinta las uñas, tiene el pecho peludo, usa un micrófono de color rosado, viste con estampados muy coloridos y con gafas de mujer y, a diario redefine la masculinidad dentro de un género homofóbico de por sí. Hace unos meses durante su gira por Europa, Bad Bunny entró en un salón de belleza en Oviedo (España) buscando refrescar su manicura, servicio que le fue negado en el negocio por no ser mujer. El artista no tardaría en denunciar dicha exclusión y las normas de género en sus redes sociales, acción que tuvo también mucha repercusión y generó opinión pública.

Conclusión

Muchos podrían argumentar que Bad Bunny solo refuerza el discurso y el machismo del reguetón y otros géneros de música urbana por reproducir una lírica misógina en el que la mujer solo representa un objeto de placer para el hombre y se incita a la práctica irresponsable de sexo, al uso y consumo de drogas y actividades ilícitas. Sin embargo, en comparación con otros exponentes, el discurso de Bad Bunny ha mostrado ser diferente, que rompe barreras y rechaza estereotipos recurrentes, y su popularidad extrema es muestra de ello. Su lírica promueve el positivismo efímero y su moda da paso abierto a la construcción menos estereotipada de la masculinidad en un sistema reforzado por dos males que solo laceran nuestra sociedad: el capitalismo desenfrenado y el machismo. En términos del discurso antiguo, la masculinidad requiere una validación homosocial y aceptación en el reino de la virilidad. Pareciera ser que a Bad Bunny esto no le interesa, sino precisamente todo lo contrario: ir en contra de la norma, de lo establecido y continuar rompiendo esquemas. Y aunque sea efímero su mensaje, es merecedero de ser estudiado.

(Este texto forma parte de una ponencia presentada por Sarah V. Platt para el 1er Coloquio sobre hombres y masculinidades, organizado por la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras el pasado 25 de octubre de 2018).

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