La Comuna 13 de Medellín


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La Comuna 13 de Medellín es una comunidad marginada azotada por el narcotráfico y la violencia que hoy busca reinventarse por medio del arte urbano.

Lluvia de balas. Secuestros. Extorsión. Asesinatos. Olor a pólvora y muerte. Cadáveres tirados sobre el suelo. Otros calcinados. Metralletas. Violaciones masivas de derechos humanos. Violencia generalizada. Impunidad. Miedo. Terror. Así ha sido la realidad de la Comuna 13 de Medellín, una de 16 comunidades marginadas que se encuentran a lo largo de la periferia de esta metrópoli y fue formada, en su mayoría, por campesinos desplazados de sus tierras por grupos armados ilegales. Hoy día, la Comuna 13 cuenta con 160 mil habitantes y, a pesar de que los esfuerzos comunitarios y por parte de la Alcaldía de Medellín por reconstruir la imagen y restablecer la paz son palpables y han sido reconocidos, aún queda mucho camino por recorrer.

Cuenta un artículo publicado en el portal Infobae de Colombia, que:

“Para la década de los 80, el capo Pablo Escobar, al mando del Cartel de Medellín, encontró entre la pobreza y falta de oportunidades de las comunas, la cuna de sus nuevos lugartenientes, cultivando la cultura del dinero fácil de la cocaína. Para los jóvenes de familias desplazadas, ingresar a esas estructuras criminales era la única promesa de ascenso social. Entonces, se formó una red de sicariato al servicio del narcotraficante, dedicada al secuestro, extorsión, ajustes de cuenta y homicidios”.

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En un inicio, los residentes se instalaron en la Comuna 13 en medio de la pobreza extrema, la desesperanza, las casi nulas posibilidades de empleo y, por supuesto, la carencia de servicios básicos. Construyeron sus casas con materiales como madera, plástico, barro, cartón y cinc. En un inicio, no poseían alcantarillados, por lo que construían zanjas a lo largo de la montaña para evacuar aguas negras. Tampoco contaban con servicios básicos como agua potable, razón por la cual dependían de los nacimientos de laderas para conducir el líquido con mangueras hasta las residencias más cercanas. Para cocinar, usaban fogones con leña y más tarde, por medio de la apropiación ilegal, algunas casas se abastecieron con energía eléctrica mediante cables conectados a los postes principales.

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Muchos de los residentes de la Comuna sostienen los techos de sus casas con ladrillos u otros objetos pesados para prevenir que se vuelen.

En el siguiente vídeo, una de las guías locales cuenta cómo se fundó y fue poblando la Comuna 13.

Junto a un grupo de alumnos y ex alumnos de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo (UPRA), visitamos esta comunidad el pasado mes de octubre y tuvimos la oportunidad de recorrer sus calles y observar su historia ilustrada por medio de graffitis y arte urbano. También pudimos escuchar los testimonios de guías locales y hablar con algunos residentes como el Chota 13, uno de los artistas más reconocidos de la Comuna, que hoy lidera un proyecto de reinvención y autosustentabilidad para la comunidad, utilizando como vehículo el arte, el baile y la música. Gracias a esfuerzos como estos la Comuna ha sido capaz de transformarse en una comunidad vibrante, creciente y con mayor grado de optimismo e invención.

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Tinta Digital posa junto a El Chota 13, artista urbano de la Comuna 13 en Medellín (octubre, 2018).

La Comuna 13 de Medellín fue el epicentro de la mayor confrontación armada que se ha producido en la historia de este país. Su víctima principal fue la población civil, aunque las agrupaciones militares y paramilitares, así como las bandas de delincuencia involucradas y sobre todo, los niños, también murieron como resultado del conflicto.

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Yoni Alexander Rendón, un policía paisa quien asegura estar comprometido con las comunidades y los procesos sociales que han afectado su país, publicó la primera edición de su libro Comuna 13: El drama del conflicto armado en el 2007 y la más reciente, en el 2017. En sus páginas recoge cientos de testimonios y entrevistas realizadas a personas involucradas directa o indirectamente con las secuelas del narco y la violencia armada y va construyendo un relato riguroso de la historia de esta zona. Cuenta Yoni que las milicias de las FARC, así como otros grupos controlaron la Comuna por más de 10 años.

En el año 2000, el conflicto se agudizó porque los grupos mencionados estaban disputando el control del territorio. La Operación Orión fue una sangrienta intervención militar liderada por el gobierno de Álvaro Uribe en 2002, que se consideró el fin de la guerra para algunos, aunque aún no puede considerarse terminado por completo el conflicto.  Se dice que durante este operativo hubo 17 muertos, 80 heridos y 350 detenidos. Extrajudicialmente, los grupos paramilitares dejaron 71 asesinatos y 95 desaparecidos, muchos de los cuales aun no se sabe nada en la actualidad, aunque la comunidad ha denunciado que fueron enterrados en una fosa común en la montaña de basura conocida como La Escombrera.

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La Escombrera se considera la fosa común más grande en Colombia (Foto suministrada).

Sin embargo, desde entonces se ha implementado un modelo de seguridad y convivencia para los residentes y también turístico y de auto-sustentabilidad para visitantes que vienen del extranjero. Es este nicho quien principalmente se ve atraído por los coloridos murales que pueden observarse a lo largo y ancho de la Comuna 13, muchos de los cuales van contando la historia de este barrio por medio de diferentes símbolos: animales, deidades, figuras antropomorfas, índigenas, entre otros.

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Otro de los atractivos de la Comuna es la larga y anaranjada escalera eléctrica construida como símbolo de la modernidad y de la paz para esta comunidad. Inaugurada en el año 2011, la escalera se ha convertido en un modelo de planificación urbana internacional. Se trata, además de un lindo accesorio para la comunidad, en un elemento práctico e indispensable de transporte que agiliza el movimiento de personas que suben y bajan las empinadas laderas de la Comuna 13 a diario.

El arquitecto Carlos Escobar presentó la idea. “Nadie confiaba en que este proyecto pudiera ser posible. Antes, esta área estaba bajo el control de las pandillas”, dijo. “Ahora mismo, esta área se ha convertido en una zona neutral. El control está en manos de la comunidad. Es realmente hermoso porque desde la construcción, nunca hemos escuchado nada acerca de violencia en este lugar. Esto ha aumentado el orgullo de la comunidad”.

La escalera se une al Metrocable, otro de los esfuerzos para modernizar y diversificar el transporte en la ciudad de Medellín, liderados por la Alcaldía en un esfuerzo por transformar la imagen de la metrópoli, conectar más fácilmente a los ciudadanos con el centro de la ciudad y también atraer el turismo.

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Para visitar la Comuna 13, hacer un recorrido guiado y conocer más sobre su historia, busque en Airbnb bajo ´Experiences´ o consulte con un guía de viajes.

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