Crónicas de un confinamiento abierto


Al salir, se entra…

Con esta cita nos adentramos en la más reciente obra: polifónica, híbrida y seductora, del Dr. Rubén Dávila Santiago, profesor de semiótica de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. Se titula Crónicas de un confinamiento abierto y se trata de una investigación histórica y espacial que llevó a cabo el autor con el propósito de indagar en la figura del automóvil: un artefacto naturalizado y cotidiano, pero muy extraño y raro en su naturaleza. El libro es una invitación para que los lectores observen y se adentren en la cultura vehicular motorizada que permea en la isla y que regula y determina muchos -por no decir demasiados- aspectos de nuestra vida cotidiana.

Una vez en la calle, entramos a un espacio denso. Paradójicamente, el afuera es un adentro (…) Se trata de un confinamiento configurado por una red de sistemas entrelazados de fuerzas y de orientaciones tributarias de este montaje de automovilidad, cuyo elemento de coherencia y de cohesión es la cultura motorizada del automóvil privado.

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El autor propone que en Puerto Rico, estamos todos cumpliendo una condena por el automóvil, encarcelados en el tapón diario de la urbe. El espacio urbano está dominado y definido por los vehículos. Carecen las aceras y el alumbrado, los cruces de cebra no se respetan, muchos semáforos no funcionan y, a todo el que comparta la vía -sea peatón o ciclista- se le atropella literal o simbólicamente. Además, el que se encuentra fuera del espacio confinado y protegido del auto, está expuesto y carente de refugio.

Cuenta Dávila que a veces cuando tiene ganas de caminar, sale de su residencia ubicada entre Hato Rey y Río Piedras, dispuesto a transitar libremente por la vía. Le ha pasado que en el proceso,  se cruza inesperadamente con amigos o conocidos que transitan en autos y ante el asombro de verlo le dicen: ¿Te quedaste a pie? ¿Qué pasó? ¿Necesitas pon? Móntate. Como si caminar libremente por la calle o estar a pie, representara una vergüenza o un remedio solo cuando existe un problema.

Los que van dentro de sus autos, entran para salir o salen para entrar, de un espacio interno, clausurado y confinado. En una nación donde existe un auto por cada 1.5 habitantes y carece un sistema de transporte público auto sustentable y práctico, no es exagerado decir que las ciudades en Puerto Rico están construidas para los automóviles y no para los ciudadanos. Aparte de clausurarnos en un espacio confinado, el vehículo motorizado también representa un peligro y una amenaza. En el año 2018, por ejemplo, se estima que 100 personas murieron atropelladas en la isla, cifra que representa el 35% total de muertes en carretera.

El libro de Dávila representa una verdadera obra de arte. El Grupo de Estudios Semióticos, un colectivo formado tanto por estudiantes como profesores y profesionales del campo, colaboró en su diseño. Su portada de color negro azabache es una metáfora del asfalto que arropa nuestras carreteras. La portada recoge también varias formas geométricas, que podrían interpretarse como vehículos que se juntan de modo efímero cuando hay congestión y luego se separan procurando camino propio. La portada es también expansiva y una vez se levanta la hoja, gira al lado izquierdo para presentaros una nueva capa con la frase: Al salir, se entra… Continuamos descubriendo el interior de la obra así como el papel de un regalo nuevo que se desenvuelve.

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Aparece adentro, al lado derecho, la imagen en blanco y negro, de una mujer que conduce su auto y mira fija y perdidamente a la cámara. Sigo abriendo las diferentes capas del libro y descubriendo elementos nuevos. En el lado derecho encuentro un bolsillo que sujeta unas postales. El autor me explica -en el momento antes de firmar mi recién adquirido libro- que en Colombia, donde ubica la imprenta a cargo del trabajo de reproducción- no siguieron sus instrucciones. “Esto supone que vaya aquí”, me explica, mientras mueve de bolsillo una cartografía -también en blanco y negro- que recoge la configuración urbana de Puerto Rico desde 1930 al presente, sin seguir ningún tipo de orden cronológico. Se titula El arte de apartar.

En el bolsillo derecho del interior del libro hallo varias piezas más de la investigación del autor que no están allí por casualidad. Un anuncio antiguo de una compañía de autos norteamericana dice: ¡Felices Pascuas (…) Todo puede hacerlo en un Chevrolet. Aledaño a esta propaganda aparece la impresión de una carta escrita a mano por un obrero en 1949 y dirigida a don Luis Muñoz Marín en la que expresa su preocupación por la acelerada urbanización de su barrio y el hecho de que su casa estaba sufriendo por estar construida en una zona inundable. Cada una de estas piezas conforman una meticulosa investigación que traza la historia de Puerto Rico por medio del automóvil.

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Sin embargo, el elemento que más llamó mi atención de todas las piezas incluidas en esta divertida e innovadora obra es una postal titulada Los desaparecidos en la que aparece una foto en blanco y negro de un grupo de niños puertorriqueños caminando por una calle -algunos con libros y cuadernos en mano, otros que transitan junto a sus madres o tías y todos ocupando la vía a pie.

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Parte del secuestro del que habla el autor se trata de esta población infantil, que según Dávila, han sido desplazados por el encierro.

QUISIERA PROPONERLE UNA IMAGEN, YO LE VOY A LLAMAR LOS DESAPARECIDOS. OCURRE QUE ESTOY PARADO FRENTE A MI CASA, EN LA ACERA DE LA AVENIDA MUÑOZ MARÍN, ALLÍ HAY CARROS, SOBRE TODO CARROS, PORQUE LAS ACERAS NO SON DISEÑADAS PARA CAMINAR, ES UN AMBIENTE HOSTIL EL CAMINAR, Y ME DOY CUENTA, COMO PUEDE DARSE CUENTA CUALQUIERA DE LAS PERSONAS QUE NOS ESCUCHAN, QUE EN NUESTRAS CALLES NO HAY NIÑOS. NO HAY NIÑOS.

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Dr. Rubén Dávila, autor de la obra (extrema derecha) junto a Chiara Bollentini, Félix López Román y otros invitados.

El libro se presentó anoche en la Fundación Luis Muñoz Marín en Trujillo Alto: un espacio que, por ser según su director ejecutivo, Julio Quirós, “un ecosistema cultural y natural de patrimonio histórico”, se presta perfectamente bien para servir de hábitat de diálogos reflexivos sobre el país. El público lo formó, casi por completo, estudiantes del propio profesor, específicamente aquellos que cursan el seminario Semántica del Hábitat.

Al cabo de la intervención de los profesores Chiara Bollentini (Lengua y Discurso, UPRRP) y Félix López Román (Sociología y Estudios Urbanos, UPR Humacao), los estudiantes del seminario tomaron el micrófono de modo individual para presentar cada una de sus propuestas de investigación: todas centradas en el concepto del vehículo y los espacios urbanos.

Es alentador ver mentes jóvenes dinámicas y brillantes que se han visto inspiradas por la obra de su profesor, Rubén Dávila. Es hora de comenzar a cuestionar y mirar con ojos de extrañeza aquellos símbolos que se han naturalizado, sin sentido, en nuestra cultura.

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