Comunicadora, docente y madre.
Escribo desde Puerto Rico.

Poás y sus alrededores

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Ayer fuimos al volcán Poás, uno de los estratos más activos e imponentes de Costa Rica, ubicado en la provincia de Alajuela, a unos 45 km. al noroeste de San José. Queríamos llegar a Arenal, que es supuestamente el más impresionante del país, aunque bastante distante del alojamiento, por lo que optamos por este otro. Poás es mundialmente famoso por albergar uno de los lagos de cráter más ácidos del mundo (la Laguna Caliente), aunque el chofer nos aseguró que ya los minerales no son tan potentes y el agua de la laguna no se ve tan impresionantemente azul celeste como antes.

Nos mantuvimos en el camino principal hacia el cráter y no llegamos a recorrer el sendero de la laguna porque el camino se hacía muy largo. Visitar el volcán implica no tenía expectativas porque ya nos habían dicho que a veces no hay visibilidad, aunque se vea claro el día. Tuvimos la suerte de contar con un día espectacular.

Caminamos por un bosque tropical, varios cientos de metros cuesta arriba, entre calor tropical y friíto, dejándonos llevar por un único letrero que anunciaba que estábamos cerca. Se respiraba un aire puro y sentí emoción.

No presenciamos animales en el camino, pero sí muchas hojas enormes parecidas al yagrumo en Puerto Rico y que aquí le llaman sombrilla del pobre.

Resulta que el cráter del volcán Poás es el más grande de Costa Rica: majestuoso y de color gris oscuro por las cenizas, se impuso y husmeaba frente a nosotros como un monstruo dormido pero activo. La vista era realmente impresionante y con la excepción de un trío de franceses, éramos los únicos allí. Algunas nubes se posaban cómodamente tapando nuestra vista pero en pocos instantes se aclaró todo el panorama. Nos quedamos boquiabiertos.

Nos transportó, durante todo el día, Ignacio, un chofer recomendado por una amiga de la infancia. Un personaje total: colombiano de Medellín, residente en Costa Rica durante los pasados 26 años y convertido hace 5 al judaísmo mesiánico. Aparte, ultra defensor del estado de Israel y de su genocidio palestino. Se me hizo difícil simpatizar con el señor una vez me fue revelando sus inclinaciones religiosas y políticas. Intenté esquivar el tema, pero se hacía notable cuánto quería que conociera sus posturas. Fue amable, dentro de lo que cabe, pero creo que ninguno de los dos nos caímos muy bien.

Nos llevó a la cascada La Paz después del volcán y luego a dar un paseo por las haciendas de café. Almorzamos en un mirador: la comida es fresca y variada, aunque a menudo, poco condimentada.

En el camino de vuelta había muchos lugares donde vendían todo tipo de producto derivado de la fresa: batidos, mermeladas, licores y vasos con la fruta picada, y leche condensada o sirop de chocolate por encima.

Uno de los más conocidos es Freddo Fresa. La mayoría de estos puestos son super lujosos, pero nos detuvimos en uno que era todo menos eso. La empleada, madre de una niña pequeña, nos atendió mientras deshojaba las fresas que nos prepararía, con un cuchillo y luego procedía a lavarlas para hacer jugo. En la media hora que nos pasamos ahí, nos contó su vida como si fuéramos amigos de hace tiempo. Aparte de la chiquita de dos años que la acompañaba en su jornada laboral, tenía un hijo de 6, que ese día se había quedado con su suegra. El padre de sus hijos, nos contó, tenía un fuerte problema de adicción a la “piedra”.

-«Eso lo mezclan con esmalte de uñas, pintura, aerosol y otras cosas. Cuando no está en esas (el padre de sus hijos), se convierte en un monstruo. Es muy difícil”, dijo.

Todo eso lo contaba con lujo de detalle frente a su hijita y mientras las fresas se disolvían en la licuadora.

Costa Rica es cruce de contrastes: verdor exquisito, flora y fauna única en su categoría, paisajes envidiables y protegidos, y por otra parte: desigualdad, delincuencia y droga. La pura vida en todas sus manifestaciones. A pesar del aumento de la criminalidad, el país sigue teniendo instituciones relativamente estables y, en general, mantiene mejores indicadores de seguridad que varios países de Centroamérica que han sufrido niveles mucho más altos de violencia asociada a pandillas o crimen organizado. Por lo general, tampoco es algo que observan los turistas de primera instancia.

La frase “pura vida” es una forma de saludar, despedirse, dar las gracias, decir que todo está bien, o expresar una actitud positiva ante la vida. Se ha convertido en el lema cultural de la nación. Con el tiempo, “pura vida” adquirió un significado propio entre los costarricenses (“ticos”): optimismo, sencillez, gratitud y la idea de disfrutar la vida sin complicarse demasiado.

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